El PNV se ha convertido en el principal aliado de Iberdrola en sus planes para comprar Scottish Power. Su presidente, Josu Jon Imaz, se ha valido de las buenas relaciones que mantiene con los nacionalistas escoceses para interceder a favor de la eléctrica vasca e intentar vencer sus recelos a dejar una empresa autóctona en manos extranjeras. Para ello ha enviado una carta a la líder del Partido Nacionalista Escocés (SNP), Nicola Sturgeon, en la que se deshace en alabanzas hacia la compañía dirigida por Ignacio Sánchez Galán, de la que asegura que respeta las «raíces locales» y el empleo de allí donde se implanta.
La adquisición de Scottish Power ha sido muy bien acogida por el PNV, ya que con ella la compañía vasca se convierte en la tercera mayor del sector en Europa. Además, Sánchez Galán ha dado todo tipo de garantías de que la sede del grupo permanecerá en Bilbao, lo que compensa el hecho de que la participación de la BBK y el BBVA -los dos socios vascos de referencia de Iberdrola- se vaya a ver diluida con la fusión.
La compra de Scottish permite a Iberdrola blindarse ante la amenaza de ser 'comida' por otra empresa más grande y, a la vez, presenta menos riesgos para sus vínculos con Euskadi que una eventual fusión nacional con Unión Fenosa o Gas Natural. Por todo ello, el PNV la ha celebrado con entusiasmo. El propio Imaz fue muy elocuente al valorar la operación: «me siento muy orgulloso de una compañía que, teniendo un carácter global, tiene también una raíz histórica en el País Vasco», manifestó la pasada semana.
Resistencia
Su apoyo a la operación es tal que no ha dudado en intentar calmar a sus correligionarios, los nacionalistas escoceses, que son los que más resistencia están poniendo a que Scottish pase a manos extranjeras. El SNP ha llegado incluso a enviar una carta a la Comisión Europea en la que le pide que bloquee la integración con el argumento de que España cuenta con ventajas fiscales que se deben investigar. Se refiere a la posibilidad de desgravar por la amortización del fondo de comercio, que va a permitir a Iberdrola 'ahorrarse' 1.000 millones de euros, según los cálculos de los bancos de inversión.
Sturgeon quiere que Scottish siga siendo escocesa para garantizar su identidad, el empleo y las inversiones. Entre la plantilla de 6.000 trabajadores de la firma con sede en Glasgow existe el temor de que Iberdrola vaya a quedarse con los negocios más rentables -como el eólico- y vender el resto.
Para despejar estos recelos, el líder del PNV hace hincapié, en la carta enviada a su partido 'hermano', en que la eléctrica vasca está acostumbrada a compaginar lo local con lo global y, por tanto, respeta las raíces autóctonas. Lo hace con el País Vasco y, en consecuencia, lo hará con Escocia, asegura Imaz.
Surte efecto
También destaca el buen entendimiento de la empresa con los sindicatos y manifiesta su plena confianza en que mantendrá el empleo en Scottish Power. Otro punto que resalta es su firme apuesta por las energías renovables, lo que garantiza un desarrollo sostenible.
Fuentes del PNV afirman que la carta ha surtido efecto y que a ella se debe que Sturgeon recibiera con mayor suavidad de lo esperado a Galán, que el martes viajó a Glasgow para reunirse con el primer ministro y otras autoridades. La líder del SNP calificó el encuentro de «constructivo» y valoró positivamente el compromiso de Iberdrola de mantener la identidad de Scottish y su actual equipo directivo. Pero insistió en que aún existe incertidumbre sobre el empleo. En cuanto a la misiva de Imaz, reconoció su derecho a defender los intereses vascos, pero indicó que su obligación es preocuparse por el posible daño de la operación al tejido económico escocés.
La forma en la que el PNV se ha volcado en apoyo de Iberdrola contrasta con las tensiones que surgieron entre ambas partes cuando el Gobierno vasco adjudicó en 2003 la sociedad gasista Naturcorp a Hidrocantábrico y dejó con la miel en los labios a la eléctrica que preside Galán. La decisión fue adoptada por el Departamento de Industria, que entonces dirigía Imaz, quien la justificó en el hecho de que la oferta económica de la compañía asturiana -controlada por EDP- era mejor y, además, daba más garantías de que la sede de Naturcorp permanecería en Euskadi. El actual líder del partido negó cualquier trasfondo político a esa medida y desde entonces se ha esforzado en recomponer sus relaciones con la empresa.