Domingo, 17 de diciembre de 2006
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SOCIEDAD

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Para todos los gustos
Emma García, Modesto Lomba y Agustín García Calvo comparten sus diferentes visiones sobre la Navidad y las celebraciones que lleva asociadas
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NAVIDADES DIFERENTES. Emma García ofrece su visión de las fiestas. / EFE
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Su visión del gasto admisible durante estas fiestas es muy diferente, pero los tres coinciden en algo: las pasan en casa rodeados de su gente. El diseñador Modesto Lomba, la presentadora Emma García y el filósofo Agustín García Calvo se parecen poco. A ella le «encanta la Navidad» y el regalo de su hija nacida este verano es un motivo más de alegría. El modisto vitoriano echa de menos un tiempo en el que las celebraciones estaban «más dirigidas a agradar a los invitados que a la cuenta de resultados de quienes montan los cotillones», pero sigue disfrutando en familia, en la medida que el trabajo se lo permite, de una forma elegante: «Poco y bueno antes que mucho y malo».

El filósofo zamorano y catedrático emérito de la Universidad Complutense hace años que consiguió convencer a los que le rodean para no celebrar nada. «A los que nos queda algo de sentido común, estas celebraciones nos provocan una profunda tristeza en el corazón. Implican un olvido total del sentido original de fiesta, ahora la compra-venta es su verdadera razón de ser».

Lomba pasará la Navidad en Estibaliz, a las afueras de Vitoria, donde busca encuentros familiares. «No soy un gran aficionado a las celebraciones por obligación», comenta, pero disfruta reencontrándose con sus padres y hermanos, «a los que les regalaré unos relojes de Devota&Lomba. ¿Qué original!», ironiza.

¿Y los cotillones? «Me parece que se ha perdido el motivo para el que nacen: el divertimento social. Poco queda del 'glamour' que tenían en origen. Se han masificado, pero sobre todo dudo mucho de las buenas intenciones de quienes los organiza». Por ello, prefiere buscar la calidad, y si el dinero no llega, sacrificar la cantidad. «La cultura social en la que estamos va a mucho y malo. Pues, si no podemos comer siete buenas gambas, comamos una; y, si no podemos tener cuatro buenos vestidos, tengamos uno. Un buen cava y una buena compañía. ¿Basta ya de platos con un silbo para meter ruido y el matasuegras sin ninguna gracia, donde se asiste con cualquier vestido de plástico que brilla!».

Emma García vuelve a San Sebastián. «Estaré con una familia, con otra y con los amigos. Disfrutando al máximo. Todo el mundo quiere estar con la pequeña». Le pide poco a estas Navidades -«tiempo y salud»-, aunque tampoco le importaría algún regalito. «Antes salía a por algo para mí y lo conseguía, pero ahora todo acaba siendo para la niña -bromea-; pero no me quejo, que quede claro». Además, tener a los abuelos cerca le permitirá aprovechar la noche. «He sido de salir bastante y como el año pasado no pude por el embarazo... Iremos a Ordizia. Nada de galas, una Nochevieja con los amigos, de potes y recordando nuestros momentos jóvenes».

La periodista no oculta que «cada vez somos más consumistas», pero lo disculpa: «Estas fechas son importantes, te reúnes con la familia y la gente que ha perdido a alguien se acuerda más de ellos. Se gasta mucho, pero es por las ganas de agradar y merece la pena».

Tristeza inmensa

Una visión diferente es la de Agustín García Calvo, que intentará evitar las celebraciones en Zamora. «Todo está lleno y, cuando veo a los demás, me invade una gran tristeza». Y no le faltan razones: «Como nadie sospechará de mí que soy un hombre religioso, he de aclarar que sólo me acuerdo del motivo lejano en que se fundaban estas fiestas. El nacimiento del Verbo encarnado, un verdadero motivo de alegría, que se repite cada vez que nace un niño que todavía no sabe quién es, que no está sometido a las leyes de la sociedad», explica. «Pero ha quedado del todo olvidado, arrasado bajo la realidad de las celebraciones; la compra y venta, el regalo y todas las demás gracias que en torno a ello se producen».

Para García Calvo, la Navidad es un sacramento «de la religión que realmente rige, la del dinero y el capital que necesita el motivo de estas fiestas o cualquier otro para moverse, porque, si no se mueve, perece. En ella está la raíz de la tristeza inmensa. Alguien dirá que el dinero no es propiamente una religión, pero se engaña».

 
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