El Ararteko, Íñigo Lamarca, presentó ayer el estudio en el Parlamento vasco y lo remitió al Departamento de Educación. La investigación se realizó durante el curso pasado en 80 centros de la comunidad elegidos de forma aleatoria. A través de un cuestiona-rio, se entrevistó a los directores de todos los colegios; a 1.707 alumnos de segundo de ESO; a 1.616 de cuarto; a 2.782 familias y 1.257 profesores. Las respuestas sirvieron para elaborar análisis individualizados de cada centro y un informe general con 28 recomendaciones que puede descargarse en www.ararteko.com.
Lamarca precisó que sus colaboradores no han abordado el acoso escolar de forma específica, sino la convivencia y las relaciones de la comunidad escolar en un sentido amplio. A su modo de ver, esas relaciones deben estar presididas por el ejercicio simultáneo de tres derechos: «El de los alumnos a ser educados en un entorno seguro, el de los padres a disponer de un centro con garantías y el de los docentes a desarrollar su trabajo en un marco de respeto».
El informe no pretende ser alarmista, aunque ha detectado problemas serios. En principio, los colegios encuestados se muestran «razonablemente satisfechos» con el ambiente que reina en sus aulas (el 82% de las familias no cambiaría a su hijo de centro). Pero las críticas surgen cuando se analiza el ambiente general del sistema educativo. Entonces aflora el problema del control en las aulas.
«Desbordados»
«Una parte del profesorado -señala el informe- se siente desbordado, abandonado, atrincherado frente a una tarea titánica para la que no dispone de medios necesarios: una autoridad reconocida, formación adecuada, tiempos y espacios para ejercer de tutor, apoyo de la administración, marcos legales claros, recursos, una sociedad que no exija a la escuela lo contrario de lo que practica».
Según el 'ombudsman', si el malestar del profesorado no se ataja, tampoco mejorará la convivencia en los colegios. El 58% de los docentes se queja de que los alumnos les han faltado al respeto en más de una ocasión. El 77% lidia con adolescentes que interrumpen constantemente las clases, lo que constituye, ahora mismo, la mayor preocupación del cuerpo educativo. Los actos vándalicos no son frecuentes, pero los argumentos esgrimidos por sus autores resultan preocupantes: los perpetran «para hacer risas» o porque el material da- ñado no es de su propiedad. Casi el 70% de los profesores cree que la situación es peor que hace varios años, aunque en Madrid el índice se aproxima al 90%.
El Ararteko no ha aportado una cifra global sobre la incidencia del 'bullying' en Euskadi, aunque reconoce que las amenazas, agresiones y humillaciones son frecuentes. Por ejemplo, el 4,7% de los escolares consultados asegura que le han pegado y el 3,4% dice haber sufrido acoso sexual de palabra. El 6,4% ha recibido amenazas y el 13,5% ha escuchado insultos o maledicencias. En líneas generales, estos índices no contradicen las estimaciones del Departamento de Educación, que considera que el 3,7% de los alumnos de Secundaria es víctima de acoso.
Falta de comunicación
Sin embargo, el informe del Ararteko advierte de que la comunicación de los alumnos con los profesores y los padres no es nada fluida. Sólo uno de cada diez estudiantes recurre a un docente cuando le están hostigando en clase. Y sólo uno de cada cuatro se sincera con sus padres. La mayoría se refugia en la cuadrilla y teme que le tilden de chivato. Según Lamarca, las reacciones tibias o lentas contribuyen a crear «una sensación de impunidad» en los acosadores.
«Es preciso conceder a la disciplina en el aula el valor instrumental que le corresponde», subraya el estudio. Para conseguirlo, aconseja modificar el decreto de deberes y derechos del alumnado, de manera que los conflictos se puedan atajar con rapidez, eficacia y cierta autonomía. «La normativa actual no sirve. Buena parte de las decisiones se adoptan al margen de ella, lo que provoca inseguridad jurídica», insistió ayer el 'ombudsman'.
Actualmente, el 7,6% de los incidentes escolares acaban en denuncia en Euskadi. Quince casos llegaron a los tribunales durante el curso pasado y otros tantos han sido denunciados al Ararteko a lo largo de 2006. Íñigo Lamarca considera adecuado ir a juicio cuando el conflicto sea realmente grave, pero siempre como «último recurso». Ése es el consejo que están recibiendo los padres que acuden «desesperados» a la institución en busca de consejo.