El tratamiento del discurso real de Nochebuena por ETB amenaza con desterrar clásicos navideños de la televisión tan consolidados como el concurso de saltos de esquí de Garmisch o la interpretación de la 'Marcha Radetzky' por la Filarmónica de Viena en Año Nuevo.
Todos los años por estas fechas se produce el mismo fenómeno: el Rey dirige su mensaje televisivo al personal y la alocución es retransmitida simultáneamente por todas las cadenas generalistas del país menos por dos. ETB nunca considera relevante el discurso la noche del 24, (no llegó a 59" en el minuto 13 o 14 del Teleberri), pero el mismo asunto se ha convertido en gran acontecimiento horas más tarde y abre el informativo del día 25. El discurso se sigue considerando irrelevante, pero no las reacciones que suscita entre unos políticos que, al parecer, no se lo pasan bien en familia el día de Navidad y prefieren ser entrevistados para la televisión.
Puede que en los informativos de ETB se trabaje a turnos, y el editor de noche tenga criterios mucho más estrictos que el del mediodía a la hora de valorar las noticias. No debe de ser ésa la causa, porque sería raro que en las últimas veintitantas navidades se hayan repartido los turnos de la misma manera.
Claro que entre el discurso del Rey y las reacciones que provoca entre Onintza Lasa, Mikel Arana y Jon Abril, es que no hay color. Mención especial merece este último, que reprochaba al Jefe del Estado que no se refiera «al diálogo como vía para la resolución del conflicto que vive Euskal Herria».
El discurso propiamente dicho ha sido como el de todos los años, polisémico, a juzgar por el alto nivel de acuerdo en su valoración positiva: los socialistas creen que la idea dominante es el llamamiento a la unidad en la lucha contra el terrorismo, mientras el PP ve el meollo en la invocación al espíritu de la Transición. El PNV también lo ha visto bien este año por la frase 'No se trata de renunciar a nuestras convicciones, sino de concentrarnos en aquello que nos une para buscar el acuerdo en lo esencial'.
Algo pasa, sin embargo, cuando en la 31ª vez que se dirige al país para un saludo navideño se deslizan seis llamamientos a la unidad, cinco a la Constitución y otros tres al consenso como factores de una prosperidad y estabilidad nunca antes alcanzadas. También el príncipe Felipe llamó la atención el año pasado con un discurso reivindicativo de «los valores y principios de la Constitución de 1978».
El mensaje del Rey o el discurso de su hijo no serían normales en un país normal, en el que la Constitución sea la expresión de un consenso básico, la piedra angular de la convivencia, no sé si me explico. s.gonzalez@diario-elcorreo.com