El cuerpo de Sadam Hussein descansa a escasos tres kilómetros de los de sus hijos Uday y Qusay, en Awja, pueblo de la región de Tikrit situado 130 kilómetros al norte de Bagdad, de donde era natural el dictador. Pero el ahorcado ex mandatario todavía es capaz de levantar a sus seguidores. «Sadam no ha muerto; aún vive en nuestros corazones», gritaban ayer los miles de suníes que salieron a las calles de las principales ciudades iraquíes para clamar venganza.
Las autoridades se plantearon la opción de enterrarlo en una tumba anónima para no convertir su lugar de reposo en zona de culto, pero tras negociar con responsables de Estados Unidos y el líder del clan local al que pertenecía el ex presidente, Alí al-Nidawi, optaron por entregar el cadáver a los suyos y autorizar el rito fúnebre.
La ceremonia duró apenas veinticinco minutos y en ella no tomaron parte más de cien personas. Según algunos medios de información suníes, instantes después del funeral se formaron largas colas en el panteón y miles de simpatizantes acudieron a dar el último adiós a Sadam.
El depuesto mandatario fue ahorcado por sorpresa en la madrugada del sábado después de que el tribunal le condenara a la pena capital por el asesinato de 148 chiíes. Ese día se celebraba la primera jornada de la fiesta musulmana del Sacrificio y fue enterrado veinticuatro horas después entre grandes medidas de seguridad. Las autoridades de Bagdad temían una respuesta a gran escala de los seguidores del ex dictador, pero hasta el momento el nivel de violencia se ha mantenido dentro de los márgenes habituales de crudeza que presenta en la región desde hace ya meses.
Las imágenes del funeral se emitieron casi a la vez que los momentos hasta entonces no mostrados de la ejecución. La serenidad, respeto y el silencio de los que hablaban los medios oficiales la víspera quedaron en evidencia tras el visionado de esos segundos que siguieron al momento en el que los guardianes pusieron la cuerda en el cuello del ex dictador, abrieron la trampilla, dejaron caer su cuerpo y lo mantuvieron inerte en el patíbulo durante unos minutos.
Las imágenes, captadas por un teléfono móvil y colgadas en Internet, permitieron presenciar el morboso instante del ahorcamiento y escuchar el diálogo final que intercambiaron el reo y sus verdugos en la sala de ejecuciones. Según el subtitulado ofrecido por la cadena qatarí Al-Jasira, los verdugos se dirigieron a Sadam diciéndole «Dios mío, bendice a Mohamed -Bakir Al-Sadr, fundador del partido Al-Dawa, al que pertenece el primer ministro, Muri al- Maliki, y ejecutado por el régimen en 1980- y a su familia», y «Dios mío, apresura tu presencia y maldice a tus enemigos». Otros de los encapuchados coreaban de fondo «Moqtada, Moqtada, Moqtada» (en alusión al líder chií Al-Sadr). Sadam rompió su silencio para preguntar en voz alta: «¿Pensáis que esto es un acto de valentía?», a lo que sus verdugos respondieron «larga vida a Mohamed Baqir Al-Sadr« y «al infierno».
Últimas palabras
En ese momento, el ex presidente empezó a rezar diciendo: «No hay más Dios que Alá y Mahoma es su mensajero. No hay más Dios que Alá y Mahoma ». Fueron sus últimas palabras antes de que la trampilla se abriera.
Algunos medios locales van más lejos que Al-Jasira y añaden que, tras abrir la trampilla, los guardianes decidieron mantener el cuerpo colgando durante tres minutos entre grandes gritos de alegría. El vídeo de los medios oficiales, que se emitió sin voz, quedó desacreditado tras hacerse públicas estas imágenes.
Las constantes alusiones a los líderes chiíes por parte de los verdugos han despertado aún más la ira de los sectores suníes que vieron la ejecución como una simple venganza, y no como un ajusticiamiento. Hiwa Osman, asesor del Gobierno, se apresuró a salir por televisión nada más conocer la emisión del vídeo no oficial en cadenas árabes y occidentales para intentar calmar los ánimos, y repetir una y otra vez que «se trata de un triunfo de la Justicia. Hay cientos de miles de víctimas que no han podido contener sus emociones al presenciar el momento. Tampoco los presentes, pero esos gritos no fueron proferidos, en ningún momento, por miembros pertenecientes al Gobierno».