Martes, 2 de enero de 2007
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VIZCAYA

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Apenas un 10% de los mayores que viven en residencias ha pasado la Navidad en casa
Los responsables de los centros vizcaínos aseguran que en la mayoría de los casos son los ancianos quienes deciden quedarse por comodidad
Apenas un 10% de los mayores que viven  en residencias ha pasado la Navidad en casa
CUIDADOS. La gran mayoría de las residencias ofrecen unas instalaciones y unos servicios al detalle para hacer acogedora la estancia de los mayores. / EL CORREO
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La celebración de la Navidad pasa por diferentes etapas. La ilusión de niños se pierde poco a poco con el paso de los años. Lo que nunca desaparece es el deseo de pasarlo con los tuyos. Este hueco, sin embargo, no siempre lo cubre la familia. Apenas un 10% de las miles de personas mayores que viven en residencias vizcaínas pasaron las últimas Nochebuena y Nochevieja en casa. Ya sea por cuestión de dependencia o por comodidad, cada vez son menos los que se decantan por hacer una escapada. Al menos, así lo aseguran los responsables de estos centros.

«Más que el hecho de que no vengan a recogerlos, que es una minoría, la realidad es que ellos prefieren quedarse y pasarlo con la gente con la que conviven a diario, su horario y una cama a la que ya están acostumbrados», explica el director de La Misericordia, Antonio Barandiarán, que adelanta que el balance de la experiencia vivida este año ha sido «muy positivo». Esta imagen se repite en los cinco geriátricos que tiene repartidos la Diputación por diferentes puntos del territorio histórico. «El número de ancianos que salen es prácticamente insignificante. De cada cien, igual unos cinco. Hay que tener en cuenta que cada vez necesitan mayores atenciones», señalaron desde la institución foral. El paso del tiempo hace mella e «incluso llegan a sentirse como una carga para sus hijos», coinciden. En lugar de ser ellos los que abandonen la residencia, los mayores prefieren que sean sus familiares quienes se acerquen hasta las instalaciones para hacerles una visita. «Así se involucran en su día a día y comparten su espacio».

La rutina influye también en la duración de las salidas. En el centro que la BBK tiene en Deusto un 35% de sus 330 residentes salió a cenar el día 24 -un 10% más que en la noche del 31 de diciembre-. No obstante, la mayoría volvió a dormir a su cama de siempre sobre las doce o la una de la madrugada. «En Nochevieja se reduce porque la gente cada vez sale más y lo que no van a hacer es quedarse solos», justifica la responsable de la residencia.

Langostinos y cordero

Lejos de pasar la noche en sus habitaciones, los centros preparan cenas especiales y actividades durante estos días. Todos se reúnen en los salones principales sobre las ocho de la tarde para disfrutar de platos especiales que nada tienen que ver con los que se preparan durante el resto del año. Los menús no tienen desperdicio. Langostinos, tablas de embutido, espárragos, cordero... Y gulas, que, al parecer, «les vuelve loco a la mayoría». Vamos, que nada tiene que envidiar a la cena de cualquier casa. «Eso sí, su salud es lo primero. En algunos casos no podemos saltarnos las dietas que les haya puesto el médico», apunta Alvaro Mosquero, educador social de la residencia Aspaldiko, en Portugalete. El resto sigue la máxima aquella de que una vez al año no hace daño. Las licencias se permiten incluso a la hora de irse a dormir.

En cuanto a las actividades, en las que se fomenta más que nunca la participación de las familias, destacan las obras de teatro, los coros o manualidades como elaborar postales y adornos. El geriátrico de Indautxu, en el que viven 70 personas mayores, ha incorporado este año un nuevo programa basado en el intercambio generacional. Esta iniciativa consiste en apoyar el contacto entre los niños, ya sean sus propios nietos o los hijos de las empleadas de la residencia, y los ancianos. «Muchas veces nos guiamos por estereotipos y los niños acaban cogiendo miedo a hablar con las personas mayores. De esta forma se rompe esa barrera», aseguró la subdirectora, Ausi Puebla de la Fuente. Y eso, «se nota en sus caras».

 
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