Martes, 2 de enero de 2007
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VIZCAYA

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Una niña muy perezosa
El primer bebé vizcaíno del año, Paule Ocerin, nació en Cruces después de un parto de «veintiocho horas»
Una niña  muy perezosa
FELICES. Bihotz y Kepa no se cansan de mirar a su niña, Paule, que pesó casi tres kilos. / IGNACIO PÉREZ
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Los Ocerin y los Arana tomaron las uvas con el corazón «en vilo». La tradicional cena de Nochevieja estuvo rodeada de incertidumbre. Esperaban una llamada importante, la que les anunciara que ya eran uno más en la familia, pero el teléfono no sonaba. Al parecer, Paule, como se iba a llamar el nuevo miembro, estaba algo perezosa. A la una y veinte de la madrugada, cuando ya recogían la mesa, la pequeña vino al mundo. Se convertía así en el primer bebé vizcaíno del año y el segundo de Euskadi.

El puesto de honor de este ranking se lo había arrebatado otra niña por apenas media hora. Antonia Fortuna y Ángel Miguélez, un matrimonio de Mondragón, eran padres por segunda vez a la una menos cuarto de la noche en el hospital de esta localidad guipuzcoana. Aunque en esta ocasión, su bebé era una niña, Ane, que pesó 3,640 gramos y midió 52 centímetros, según los médicos.

Otro que dio una buena campanada fue Oier Sáenz Sancho, el primer alavés de 2007. Este niño nació por cesárea, pero se hizo esperar y, encima, dio un buen susto a sus padres, Jorge y Loli. El matrimonio, que vive en Vitoria, no esperaba la llegada del crío hasta dentro de unos días. Pero el parto se adelantó y Oier, que pesó 2,450 kilos, vino al mundo a las once y diez de la mañana.

Para esa hora, Paule Ocerin Arana, que dormía plácidamente en su cuna del hospital de Cruces, ya estaba hecha toda una estrella. Una fama que se había ganado a pulso, después de un parto dilatado: «veintiocho horas», recalcaba ayer la madre, Bihotz, de 28 años, bastante recuperada. Había roto aguas el sábado «a eso de las ocho» en su casa de Usansolo, y poco después ingresó en el centro acompañada de su pareja, Kepa, que ayer no podía levantar la vista del bebé, el primero para ambos.

«La más guapa»

Eso sí, al padre no era al único al que se le caía la baba ayer en la habitación. Las amamas tampoco le quitaban ojo a la pequeña, a la que esperaban desde el día 27. A Esther, la madre de Bihotz, le tocó visitar a Paule por la mañana. Era su primera nieta y, por supuesto, la niña más guapa del mundo. «Mal está si yo lo digo...», musitaba emocionada. Jasone, la otra abuela, se aguantó hasta la tarde las ganas de abrazar al bebé, que pesó al nacer 2,980 kilos.

Mientras tanto, la recién estrenada mamá recibía con paciencia las visitas. Pero eso sí, con una gran sonrisa en el rostro que delataba lo esperado de este nacimiento... ¿Y de pie! La fortaleza de la chica sorprendía incluso a las enfermeras, que no daban crédito a tanta vitalidad tras un parto tan largo. La única explicación que se le podía encontrar era la ilusión que tenía Bihotz por estar con su niña. «Tenía muchas ganas de verla», aseguraba franca, vigilándola de reojo.

A pesar de la larga estancia en el paritorio, la muchacha aclaraba que no le había quedado un mal recuerdo de la experiencia. Ni siquiera después de que la matrona se llevara a la niña tras nacer «porque había tragado líquidos». «Enseguida me la trajeron de nuevo. No tardaron nada, ¿verdad?», le preguntaba a Kepa. «Un cuarto de hora», respondía él.

-De momento, de más niños ni hablamos...

-«Pues queremos tener dos, ¿eh?», decía Bihotz.

-«¿Uff! Primero a ver qué tal con ésta», admitía el padre.

 
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