La decisión de ETA de romper la tregua con una bomba en el aparcamiento de Barajas y los movimientos que estaba llevando a cabo el 23 de diciembre en el zulo de Amorebieta revelan que la banda mantiene intacta su obsesión de cometer grandes atentados en Navidad. Este tipo de ataques ha sido una constante entre los terroristas en los últimos años, conscientes de que conseguir perpetrar un atentado en estas fechas las garantiza un éxito propagandístico, ya que la conmoción es mayor que en otras épocas del año. Además, la repercusión de sus acciones en la capital de España es siempre mayor.
El ataque de Barajas, sin embargo, rompe una racha en la que las fuerzas de seguridad habían conseguido abortar todos los planes de ETA para cometer sus crímenes en la capital de España. La última operación de la Policía que consiguió evitar un atentado en Madrid se produjo el 24 de diciembre de 2004, día en que dos etarras fueron detenidos en San Sebastián después de que hubiesen conseguido introducir una maleta bomba con 28 kilos de explosivos en el Intercity Madrid Irún preparada para que estallase al llegar a la estación de Chamartín.
En la sentencia que condenó a los dos etarras que prepararon el ataque, los propios jueces recordaron que los terroristas «eligieron una fecha en la que aglomeración de personas en la estación principal del ferrocarril de Madrid es extraordinaria», lo que podría haber provocado una matanza.
Un año antes, el 30 de diciembre de 2003, la Guardia Civil detuvo a un comando de ETA que pretendía sembrar de bombas los centros comerciales de Madrid, para lo que trasladaba más de 130 kilos de explosivos. La operación policial fue posible gracias a que el agente Antonio Molina -murió por la heridas sufridas- se enfrentó a los etarras y consiguió herir a uno de ellos y hacerle huir. Según declaró uno de los terroristas detenidos, su objetivo era «aterrorizar Madrid el día de Nochevieja».
1999: Torre Picasso
Sin embargo, uno de los atentados frustrados que más similitudes guarda con el ataque de Barajas iba a tener lugar en la Navidad de 1999. El 21 de diciembre, cuando ya expiraba la tregua decretada por la banda tras el pacto de Lizarra, un comando de la banda fue interceptado en Calatayud cuando se dirigía a la capital de España con una furgoneta cargada con 1.700 kilos de explosivos. Las investigaciones posteriores revelaron que la organización se había propuesto dar por roto su alto el fuego con la voladura de la Torre Picasso de Madrid. Para ello tenían previsto utilizar una cantidad de explosivos tan brutal que sin duda hubiera supuesto la demolición del edificio. Según los expertos, la detonación de la cargas en el sótano del edificio lo derribaría sin problemas, como sucedió con las Torres Gemelas de New York». Ambas construcciones fueron diseñadas por el mismo arquitecto, Minoru Yamasaki.
Curiosamente, los cómplices de ETA encargados de trasladar el explosivos se habían citado con los miembros del 'comando Madrid' que se iban a encargar del ataque en el aparcamiento del aeropuerto de Barajas.
Tras el 11-M, el Ministerio de Interior diseñó un plan especial de protección para evitar atentados en Navidades, ya que era evidente que los grupos terroristas intentarían utilizar esas fechas para sus ataques. El propio presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, aseguró el 21 de diciembre de 2004 que se había activado un plan especial centrado en la vigilancia de grandes objetivos estratégicos -como centrales nucleares, refinerías y embalses de agua potable-, de los sistemas de transporte -aeropuertos, estaciones de tren y autobús y vías férreas- y de los lugares donde haya grandes concentraciones ciudadanas, como centros de ocio y lugares tradicionales de celebraciones. El objetivo del plan era evitar tanto ataques de Al Qaida como de ETA.