Greenpeace pidió ayer a la Diputación que descarte «cualquier proyecto de ampliación» de la incineradora de Zabalgarbi, cuya segunda línea está contemplada en el plan foral de gestión de residuos. La organización ecologista considera que la planta, que inició su actividad en 2004, «se ha convertido en un fracaso» y está rodeada «de una nube de oscurantismo y falta de transparencia».
En un comunicado difundido ayer, la entidad ecologista afirma que la incineradora «ha estado parada durante tres meses en el último año de funcionamiento», lo que a su juicio supone «la punta del iceberg» de los problemas técnicos y medioambientales que puede generar. Por ello, Greenpeace reclama a la Diputación que se comprometa a cerrar en el futuro estas instalaciones y asuma «un cambio de modelo» en el que no tenga cabida la incineración y se recuperen todos los materiales de desecho.
La institución foral eludió ayer entrar en el debate, pero recordó que el plan de residuos aprobado el año pasado por las Juntas Generales, y en el que se incluye la segunda línea de Zabalgarbi, «es de obligado cumplimiento».