Domingo, 7 de enero de 2007
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Bilbao Basket
Récord y fiesta en el derbi del BEC, pese a la derrota
El Lagun Aro se conforma con la pedrea del récord de la ACB tras saber competir a ráfagas ante un TAU amparado en la muñeca de Rakocevic
Récord y fiesta en el derbi del BEC, pese a la derrota
DEFENSA. Los jugadores del Lagun Aro se emplearon a fondo, pero no pudieron frenar el acierto del TAU en momentos determinantes del derbi. / FOTOS: BORJA AGUDO, JORDI ALEMANY, MITXEL ATRIO Y BLANCA CASTILLO
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Cuesta digerir cualquier derrota. Más si ésta se produce tras un esfuerzo organizativo sobrehumano para alcanzar una cifra nunca antes vista en torno a un partido de la ACB (15.414 espectadores en las bulliciosas gradas del Bizkaia Arena). Peor aún es asimilar que todo un líder de la ACB y de su grupo en la Euroliga gana por la efectividad de dos jugadores, que cobran lo mismo que la totalidad de la plantilla vizcaína. Sólo por eso. Bueno, también por el binomio que forman el criterio oscilante arbitral junto a un desfallecimiento puntual marca de la casa. Argumentos, todos, que se pueden dar en cualquier partido y ante cualquier rival. Por eso duele más no llevar a buen puerto el fiestón del BEC.

El Lagun Aro está acostumbrado a las gestas. Como tales se pueden entender victorias contra todos los equipos de ACB en sus tres temporadas de existencia en la categoría -salvo Real Madrid y Gran Canaria-. Al TAU se le ganó en el mismo escenario hace 350 días. Haberlo repetido, además de memorable, no habría escandalizado a nadie. Aunque la diferencia de potencial de unos y otros les convierta en rivales de distintas competiciones. Y bien pudo pasar ayer si los locales no se hubieran desvanecido en el segundo cuarto -parciales de 1-14 y 2-17- cuando habían conseguido equilibrar las fuerzas con el choque mostrando su cara más virulenta. Hasta se llegó a gozar de una ventaja de siete puntos (33-26) antes de que la precipitación manchara el expediente del equipo que mejor protege la posesión. Todo por algo tan fácil de decir y tan complicado de ejecutar como buscar la sencillez.

Con Azofra, el Lagun Aro mostró una imagen seria en el primer cuarto. Con Koljevic vivió los mejores momentos del partido. Sustituirlos de nuevo obnubiló las mentes a los hombres de negro. Aunque el base madrileño acabara siendo uno de los detonantes del conato de reacción, el montenegrino se quedó en el camino de un partido que parecía hecho a su medida por muchos motivos. Además, los colegiados esposaban a los exteriores (Montañez y Recker pagaron los platos rotos) y perseguían descaradament a Rancik al faltarle al respeto que conlleva usar raseros antagónicos para medir unidades iguales.

Fred Weis fue el bastión hasta el descanso y retornó al partido cuando comenzó a jugarse en otro territorio ajeno al suyo. Era Rakocevic el sicario de un TAU voluntarioso, pero también predecible en el resto de elementos al margen del de Belgrado y su adlátere Planinic. Y pese a todo lo dicho, el Lagun Aro fue capaz de remar, de romperse los brazos hasta alimentar la esperanza de otro sueño mágico. Con los triples, pero también buscando los tres puntos desde las acciones de dos más uno. Con Savovic reclamando el papel de salvador. Y, creánselo, casi se consigue.

A 3'40 minutos para el final se abrió el cielo. 72-76 a pesar de que al Baskonia le entraba todo. Bueno, es más justo reconocer que sus jugadores lo metían todo. Fe, agonía en las incrédulas gradas -muchos de los que acabaron saltando se sentaron medrosos-. Dos malos ataques vitorianos, la hora de la verdad. El primer rebote para Scola, sin lucharlo. Una pena. El segundo al zurrón de House en pugna con los postes locales. Mazazo. Como un concierto sin bises. No queda más que seguir intentándolo. A este proyecto no hay quien lo pare.

 
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