Martes, 9 de enero de 2007
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SOCIEDAD

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La cadena de mando
Por la médula espinal circulan las conexiones nerviosas necesarias para que el cerebro envíe sus órdenes a todo el cuerpo; por ello, una lesión de columna puede tener graves consecuencias
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EL EXPERTO
Dr. Javier Lavilla

Especialista de la Clínica Universitaria de Navarra

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Una multitud de terminaciones nerviosas axonales pasan por la médula espinal. Es decir, se trata de prolongaciones procedentes de células nerviosas cuyos cuerpos centrales están el el propio cerebro. Estas terminaciones nerviosas salen de la médula a través de los orificios que dejan las apófisis vertebrales. Las prolongaciones neuronales están recubiertas de una sustancia denominada mielina que, además de proteger, facilita la transmisión del impulso neuroeléctrico. La estabilidad de esa sustancia es fundamental para mantener esas prolongaciones. Pero a pesar de esas estructuras celulares y de todos los tejidos que protegen la médula espinal, es posible sufrir lesiones en ella, que suelen tener consecuencias irreversibles.

¿Pero por qué es tan frágil esa estructura nerviosa? Al estar constituida por esas terminaciones y células tan altamente especializadas su ruptura conlleva la pérdida de la capacidad de replicación.

Este es un fenómeno que se observa con frecuencia en el cuerpo humano. Es decir, a pesar de tener un origen celular único con un material genético común, la progresiva especialización en diversos tejidos y estructuras da lugar a que parte de este material genético quede inactivo. Las células que conforman tejidos especialmente complejos se replican hasta alcanzar una cantidad óptima para el desarrollo de las funciones propias de esa estructura. En el sistema nervioso central sucede algo similar. Ese sistema cuenta con una cantidad de células que no aumenta a lo largo de la vida, sino todo lo contrario. Se pueden modificar las conexiones, sobre todo en las primeras fases del desarrollo y crecimiento, pero no se produce una replicación activa que origine nuevas células.

Células insustituibles

Por ello, cuando una célula resulta dañada no es sustituida por otra. Si se lesionan las prolongaciones axonales, a pesar de que el cuerpo neuronal sobreviva y tenga la capacidad de regenerar esa terminación, no podrá establecer el mismo recorrido o conexiones.

Y la médula espinal puede sufrir esas lesiones irreversibles por múltiples causas. Las más habituales son los traumatismos, es decir, golpes directos o flexoextensiones bruscas.

Los discos intervertebrales ejercen un efecto amortiguador entre las vértebras. Pueden aguantar una presión enorme, pero si ese peso resulta excesivo o peor tolerado -por ejemplo, por fenómenos degenerativos-, se produce una hernia o protusión discal que puede comprometer la propia médula o algunas de sus raíces. La compresión provoca una isquemia y posterior necrosis del tejido nervioso afectado. Si la destrucción no ha sido importante, las consecuencias serán reversibles. La posibilidad de recuperación variará según la presión ejercida y el efecto sobre el disco dañado.

Un golpe o una presión

También la fractura de una vértebra puede determinar una compresión medular, como sucede en 'estallidos' vertebrales o roturas de las apófisis. Las propias raíces nerviosas pueden sufrir fenómenos de extensión intensa que determinan la aparición de lesiones irreversibles por arrancamiento o isquemia.

Si la lesión se produce a un nivel alto -cervical- las consecuencias serán mayores que si se produce en la región lumbar. Hay que tener en cuenta que la médula espinal no llega hasta el final de la columna vertebral. A ese nivel existe una gran cantidad de raíces nerviosas que llegan a constituir una estructura conocida como cola de caballo.

La extensión y las consecuencias clínicas de una lesión medular o de sus raíces se miden no sólo por los tejidos y territorios afectados sino también por los déficits funcionales ocasionados.

Existe una especie de mapa del cuerpo humano en el que se reflejan las zonas inervadas por cada raíz, ya que cada sistema orgánico está controlado por una serie de esas raíces con las que suelen tener cierta relación anatómica. Por ejemplo, los sistemas orgánicos abdominales están controlados por raíces procedentes de la columna lumbar.

Dependiendo de la zona de la médula afectada, predominarán los déficits motores o los sensoriales y de control vegetativo. Desde una lesión parcial que únicamente determina un déficit funcional para un determinado tipo de movimientos realizado por una extremidad, hasta la parálisis completa de una o varias extremidades. En los casos más graves se llega a producir la parálisis de las cuatro extremidades o tetraparesia. Además se producen déficits sensoriales, que llevan a la ausencia de percepción de estímulos sensoriales procedentes del exterior o del propio

También se producen otro tipo de déficits funcionales, debido a la pérdida de control sobre el funcionamiento de órganos internos. Si falla ese control pasan a funcionar independientemente o de forma refleja, como sucede con la vejiga urinaria o el aparato digestivo.

Pero también las consecuencias a nivel personal pueden ser importantes, por las limitaciones a las que se ve sometida una persona, muchas veces de forma brusca e inesperada. La capacidad de adaptación a esos nuevos objetivos dependerá de los recursos disponibles a nivel personal, pero también en relación con el grado de apoyo recibido.

La medicina queda limitada muchas veces a intentar conseguir una recuperación parcial y facilitar la adaptación del organismo a las nuevas limitaciones impuestas.

 
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