Las rebajas de invierno son un fenómeno de masas. Da igual que empiecen un jueves, un sábado o un lunes, como ha ocurrido este año. Las tiendas están «a tope», por la calle sólo se ve gente con bolsas de todos los tamaños y colores y se tarda el doble en que te sirvan un café en cualquier cafetería del centro de Bilbao. Los anuncios de El Corte Inglés y las colas en la puerta de la tienda de Gucci completaron la estampa. «Esto es una locura. Todos los años digo que no voy a venir el primer día y todos los años pico», se lamentaba una mujer mientras esperaba su turno en el probador de una tienda de la Gran Vía.
No fue la única. Miles de personas se acercaron ayer a la capital vizcaína para «ir de rebajas». «Creía que al ser lunes iba a haber menos gente, pero he tenido que esperar más de media hora para que me cobrasen». María Elena Gómez y su hija Sandra inauguraron la temporada de descuentos por todo lo alto. «Ya hemos gastado 400 euros y acabamos de empezar», confesaban mientras esperaban a una amiga en la entrada de Massimo Dutti.
Otros, simplemente, se acercaron al centro porque querían cambiar los regalos de Reyes, pero se encontraron con «todo el mogollón». «Tenían que hacer dos colas. Una para los que venimos a devolver y otra para las rebajas», protestaban dos chicos a uno de los empleados de El Corte Inglés. «No podemos hacer otra cosa. Si quiere vuelva otro día», se justificaba el dependiente.
Los bares, llenos
Las calles del Casco Viejo también estaban repletas de gente, aunque la mayoría de los comerciantes advirtieron de que el día grande de las rebajas será el sábado. «Casi ha sido mejor que el primer día haya coincidido en lunes porque el año pasado cayó en fin de semana y fue brutal», recordaba ayer el gerente de la asociación de Comerciantes del Casco Viejo, Jon Aldeiturriaga.
Además de las tiendas -el 75% de los productos rebajados están relacionados con el sector de la moda y los complementos- los hosteleros de la capital vizcaína también hacen su particular agosto con las rebajas. La mayoría de sus clientes son gente de fuera de Bilbao y trabajadores que aprovechan los mediodías para ir de compras. «Se nota y bastante», reconocía ayer el camarero de un bar ubicado en la calle Ledesma, una de las más concurridas a mediodía.