El asesinato del alcalde de Fago, Miguel Grima Masiá, ha dejado al descubierto los conflictos y enemistades que tensaban la vida en el aparentemente plácido pueblecito pirenaico. Mientras sus compañeros del PP se reafirmaban ayer en que el regidor había recibido amenazas, el propio presidente de la comarca de la Jacetania, Alfredo Terrén, aludió discretamente al ambiente enrarecido que se respiraba en la pequeña población: «Tenía muchos problemas en Fago, pero no así en la comarca», resumió Terrén, una de las personas que el sábado hallaron en un barranco el cadáver del político.
Según recapituló ayer el delegado del Gobierno en Aragón, Javier Fernández, el regidor de Fago recibió «al menos cuatro disparos de escopeta», mientras que su coche, que apareció a unos doce kilómetros del cuerpo, presentaba varios golpes. Al parecer, los agresores colocaron piedras en la carretera para someter al alcalde a «una emboscada» cuando regresaba de una comisión de la Jacetania. Fernández admitió que el político asesinado había confesado su temor hace años, en una charla informal con un subdelegado del Gobierno, aunque sin llegar a mencionar ninguna «amenaza expresa». Tampoco había presentado ninguna «denuncia oral, escrita o presencial» al Gobierno ni a la Guardia Civil en los últimos dos años y medio. Los resultados de la autopsia, que confirmaron que murió por disparo de postas, se han remitido al juzgado de Jaca que investiga el crimen, bajo secreto de sumario.
Alguaciles y jardineros
La comarca de la Jacetania celebró ayer un pleno extraordinario en el que se aprobó una declaración institucional sobre la muerte de Grima. «Fue un buen ejemplo de esos alcaldes que, muy especialmente en los lugares pequeños, ceden al interés común de su trabajo su vida privada y su tiempo. Lo hizo, como lo hacen tantos otros, a cambio de nada. Resumía con cariño y acierto esa realidad cuando decía que los ediles como él son alcaldes, alguaciles y jardineros», elogia el documento, que recuerda que «en gran medida, su vida era Fago».
Los presidentes del PP en Aragón y Huesca, Gustavo Alcalde y Antonio Torres, asistieron al pleno e insistieron en que su compañero había recibido amenazas, estaba «preocupado» por ello y lo había comunicado antes del verano al Subdelegado del Gobierno. Frente a las informaciones que tratan de presentar a Grima como «alguien intratable», recordaron que «ha sido reelegido una vez tras otra en tres legislaturas, la última con el 73,9% de los votos». También acudió al acto el presidente de Aragón, Marcelino Iglesias, que dijo no saber si había tensiones en el pueblo y argumentó que «en cualquier caso, nada justifica la violencia».
En Fago, los vecinos sólo hablan si se les garantiza el anonimato. En sus declaraciones, coinciden en que el alcalde era un personaje controvertido, pero también se sorprenden de su final: «Mala gente como para hacer eso no hay en el pueblo», afirma un forastero asentado en la localidad. Grima, natural de Zaragoza, casado y sin hijos, regentaba una casa de turismo rural. A lo largo de sus tres mandatos había protagonizado varios enfrentamientos vecinales, e incluso fue obligado judicialmente a borrar del padrón a cinco ancianos que residían en Ansó y permitir la inscripción de dos nuevos vecinos.