La Alhóndiga, el viejo almacén olvidado de Bilbao, levantó ayer el telón de lo que será en un futuro muy cercano: un centro cultural y de ocio, dotado con piscinas, gimnasios, bibliotecas, salas de exposiciones, un balneario y auditorio, entre otras ofertas. Pero también será un lugar de encuentro gracias a sus servicios públicos y, sobre todo, a su patio interior, abierto de par en par a la ciudad. Pues todo esto será una realidad en junio de 2009, un suspiro si se compara con las décadas de abandono que ha sufrido el céntrico edificio. Todas las potencialidades de esta «obra monumental» quedaron ayer a la vista en una visita guiada por su propio autor, el artista francés Philippe Starck, acompañado de una representación de la sociedad bilbaína.
Aquí hay casi 40.000 metros cuadrados reservados al deporte, la cultura y el ocio, distribuidos en tres bloques. Estos edificios cúbicos se construyen 'murallas' adentro del centenario almacén, del que se han respetado la fachada y la primera crujía -su primera piel- como bien patrimonial que es. «La Alhóndiga es uno de los grandes proyectos del Ayuntamiento», destacó el alcalde, Iñaki Azkuna, acompañado por un expresivo Starck, en el interior del edificio. Costará la nada despreciable suma de 40 millones de euros, sufragados por entero por las arcas locales.
Por eso Azkuna, que ha hecho de La Alhóndiga una de las señas de identidad de su mandato, destacó el carácter municipal del centro, tanto de su inversión como de su gestión. «Para lo bueno y para lo malo, nos cae todo el peso al municipio», advirtió. Aunque el uso público será una de sus características, también se dará entrada a firmas privadas para explotar la hostelería, el comercio y los cines, entre otros negocios.
La obra, lógicamente, aún muestra el esqueleto, pero se la ve bien armada con su acero, vidrio, ladrillo y hormigón como materiales principales. Hay 43 columnas para sujetar estos tres contenedores que darán forma al nuevo centro, lo que da una idea de la que se está armando aquí dentro. Pese a su tamaño, su altura apenas superará las cúpulas que coronan cada esquina del viejo almacén de vinos.
Junto a una amplia representación política, institucional y social, los cicerones mostraron detalles del nuevo foro. El atrio, su símbolo, está concebido como una plaza pública cubierta, extensión de la vecina Arriquíbar, que también será reformada. De hecho, ambos recintos estarán unidos por una gran plataforma peatonal.
Pantalla gigante
«Aquí se podrá venir a vender verdura, a tocar música o a no hacer nada», indicó un locuaz Starck en la presentación más formal del proyecto, celebrada como rueda de prensa. Es increíble, pero esta sala improvisada, ayer un armazón de vigas y telones oscuros que ocultaban la obra, será dentro de poco la panza de la piscina que se abrirá en la cubierta. Es decir, que los usuarios del atrio verán a la gente bañarse sobre sus cabezas. Queda claro que hay mucho diseño en el nuevo edificio, pese a seguir teniendo algo del espíritu industrial de su origen.
Buena muestra de ello es la enorme pantalla, de 8x8 metros, que colgará del centro del patio interior. Servirá para reproducir imágenes, desde acontecimientos de gran audiencia a «las películas de jóvenes creadores de Bilbao», indicó el artista. Así será La Alhóndiga, popular y vanguardista.
Tras seis años de obras -que «si no han podido ir más deprisa» ha sido por la importante financiación que necesitan, apuntó Azkuna-, el edificio se abrirá al público en tres fases. En junio de 2008, piscina y solárium, con vistas al verano. En Navidad de ese año, el balneario y las actividades de ocio infantil. Y en junio de 2009 la biblioteca completará la ilustrada nueva Alhóndiga.