Viernes, 19 de enero de 2007
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VIZCAYA

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«Quiero que mi hija sepa que soy inocente»
La joven de Santurtzi que lleva medio año presa en Buenos Aires al localizar la Policía cocaína en su equipaje relata su calvario y pide ayuda para demostrar que ha sido «víctima de un engaño»
«Quiero que mi hija sepa que soy inocente»
Idoia Francés, en una imagen de archivo. / EL CORREO
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En Argentina la llaman 'la chica del chocolate', aunque para Idoia Francés ésta es la experiencia más amarga de su vida. La joven de Santurtzi, de 35 años, lleva seis meses en la prisión de Ezeiza, a las afueras de Buenos Aires, desde el día en que, al pasar la aduana, encontraron cinco kilos de cocaína en su equipaje de mano. La droga estaba en las tabletas que le regalaron los amigos con los que había pasado una semana en Bolivia. «Me pidieron que pasara la bolsa otra vez por el escáner y yo dije 'claro', tan tranquila. Luego, al ver cómo me miraban, pregunté '¿pasa algo?' Así empezó todo», recuerda.

Idoia apenas tiene diez minutos para hablar. En su voz hay un rastro de lágrimas. «Yo no sé estar aquí. Lo puedes ver en las películas, pero nunca te imaginas que esto te va a pasar a ti». Antes de ir a Bolivia «nunca había viajado al extranjero. Si cuando me casé me fui a Ibiza de vacaciones». Separada y madre de una hija de cinco años, «era la primera vez que dejaba a mi niña cinco días seguidos con su padre».

La joven, que trabaja en una inmobiliaria, conoció a la familia boliviana cuando fueron a alquilar un piso. El matrimonio «tenía una niña de cuatro años que jugaba con mi hija. Íbamos al parque de Amezola, a Leioa... pero no han tenido compasión de mí», lamenta. Se hicieron tan amigos que la invitaron a conocer el país andino. Al despedirse, la mujer le dio el teléfono de su hermano, que vive en Madrid. «Me dijo 'cuando llegues, después de once horas de vuelo, puedes ir a descansar a su casa y al día siguiente te marchas a Bilbao'».

40 mujeres en una celda

Tras la fatídica escala en Buenos Aires, no ha vuelto a saber nada del matrimonio. Idoia se muestra convencida de que «alguien me esperaba en Barajas» o bien la han utilizado como cebo para despistar a la Policía y pasar una mayor cantidad de droga. «Yo tengo que luchar, no me puedo quedar con esto. Por lo menos quiero que el día de mañana mi hija sepa que su madre era inocente», proclama.

Tras el arresto ingresó en la unidad 3, la más temida de Ezeiza. «Era un infierno. Me pegaron, me han cortado el pelo al cero. Pasé tres meses con agua y galletas», se duele. Después la trasladaron a la unidad 31 por buena conducta. Allí hay menos reclusas y las condiciones son mejores, pero afrontó una nueva decepción. Sus abogados le dijeron que se iba a celebrar un juicio rápido y podría salir de la cárcel el 10 de enero. «Fui corriendo a llamar a mamá para contárselo». La fecha ha pasado sin juicio y sin explicaciones. «Ahora aquí es pleno verano y los juzgados están parados, hay que esperar».

En la unidad 31 ha encontrado el apoyo de una psicóloga. «Ella confía en mí y me dice 'tira para adelante'. Incluso la jefa del penal me dijo un día 'en toda la cárcel hay diez o doce inocentes y tú eres una de ellas». A su alrededor, la gente comenta que «han cogido a más personas igual que a mí. Unos sabrán lo que llevan y otros no». Mientras espera que se fije la fecha del juicio, pasa los días sentada en una silla «desde las siete de la mañana hasta la noche» y comparte la celda con otras 40 mujeres. Su madre, que se ha movilizado para buscar apoyo, la llama a diario. También habla «un poco» con su hija. «¿Qué le digo? Mami no llega, no llega...». Idoia no permite que la visiten. «Lo único que quiero es volver a casa», solloza. La están tratando con tranquilizantes. «En Navidad tuve que salir al centro médico para que me dieran 'valium' o alguna cosa. Es que no sé estar aquí».

 
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