Las obras del metro son costosas en tiempo y dinero. Pero, además, generan muchas molestias a la ciudadanía. Suelen poner la localidad patas arriba. Como ahora ocurre con los parkings subterráneos, Bilbao estuvo plagado de campamentos de obra. Barakaldo fue abierto en canal y Sestao soportó el grueso principal de los trabajos en pleno centro, en Camino Txikito.
Portugalete, sin embargo, ha sido un privilegiado. Es el primer municipio que inaugura el metro sin haber tenido que reservar suelo para un campamento de obra. El Consorcio de Transportes se aprovechó de sus municipios vecinos en la construcción de los 1.900 metros de túnel que atraviesan el subsuelo de la localidad. La excavación desde Sestao se ejecutó a través de la tercera acometida que se había realizado en esta localidad en el tramo anterior, junto al cementerio municipal. En Santurtzi la zona de ataque para introducir las rozadoras y sacar el material de desecho se abrió en Mirabueno, que ahora ha servido para continuar su ampliación hasta el parque central.
De este modo, en la villa jarrillera la visualización del metro no se ha materializado, en realidad, hasta hace bien poco. Apenas algunos vecinos sintieron las vibraciones que generaba el avance del túnel, que culminó en enero de 2005. Fue entonces cuando las obras salieron a la calle por el barrio de Azeta.
Poco más tarde se empezó a trabajar también en las bocas de acceso de la estación central, en la confluencia de las calles Gregorio Uzquiano y Carlos VII. En este caso el recinto reservado a los trabajos ha sido más aparatoso por dos motivos. El principal es que estas obras se han compatibilizado desde mayo de 2005 con la construcción de 652 plazas de aparcamiento bajo el subsuelo del antiguo campo de fútbol de San Roque. Además, la ubicación definitiva del 'fosterito' se tuvo que desplazar varios metros por exigencias del proyecto constructivo.