Miércoles, 24 de enero de 2007
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VIZCAYA

ISABEL ORDAZ, ACTRIZ
«Yo me sacudo todos los días como una alfombra para orearme»
La actriz se inspiró en el personaje de Epi para triunfar como 'la Hierbas' en 'Aquí no hay quien viva'
«Yo me sacudo todos los días como una alfombra para orearme»
AL DICTADO. «Yo iba para buena secretaria». / EL CORREO
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La neurótica 'la Hierbas' de la comunidad de vecinos más disparatada y cotilla de la televisión vuelve a pisar el escenario. Isabel Ordaz reflexionará en Barakaldo sobre las difíciles relaciones entre madres e hijas en 'Cuando era pequeña', que se estrenará el viernes.

-¿Lo echa de menos?

-Ja, ja. Un poco sí, por la cosa de la energía y porque la hormona se debilita con el tiempo. Por lo demás no. La infancia es más onírica, pero la adolescencia es terrible.

-¿Lo pasó mal?

-¿Como todo el mundo! No sabes quién eres todavía.

-¿Qué se ha dejado por el camino?

-Miedos, ilusiones falsas y, no cabe duda, el tiempo, que va pasando.

-Algo habrá ganado.

-Sé llamar al pan, pan y al vino, vino.

-Ahora que hace de madre en el escenario, ¿se le pone cuesta arriba la vida o inicia la cuesta bajo?

-Suelo tener comportamientos maternales, pero no soy madre. Con un hijo, hagas lo que hagas vas a fracasar. Y un hijo con una madre tampoco sabe cómo comportarse del todo. No tenemos libros de instrucciones. Vas inventándote la vida y aprendiendo a salir de los atolladeros.

-Una actriz lo tiene más fácil. Total, no paran de fingir.

-Bueno, bueno. Lo de fingir tiene su tomate. Es muy difícil ser verosímil sobre un escenario si no te asisten las grandes tragedias.

-¿Hacer de madre sin serlo se lo pone más difícil?

-El actor debe echar mano de su imaginación. Es como cuando interpretas a un asesino... ¿No hace falta matar a nadie! El arte de interpretar está en las emociones y experiencias propias, pero también en dejar volar la imaginación.

-En las tensas relaciones de madres e hijas, ¿hay víctimas y culpables?

-No. Todos somos ganadores y perdedores. Pequeños rencores y desacuerdos impiden, en ocasiones, la amistad con una madre.

-Personalmente, ¿almacena 'mucho' polvo debajo de las alfombras?

-Yo me sacudo todos los días. Procuro ponerme en la ventana y sacudirme como una alfombra. Me oreo con frecuencia. Uno de los terribles acechos de la condición humana es el resentimiento. ¿Siempre habrá cuartos oscuros! Una nunca acaba de conocerse del todo, ¿no?

-¿Se frena mucho en la vida?

-Los frenos que la vida me pone. Procuro estar abierta de par en par, que, luego, ya la vida se encarga de decir 'por aquí no', y 'por aquí sí'. Últimamente he descubierto que los sueños, si los persigues, se cumplen. Ahora bien, no tienen la forma que soñaste.

-Pues vaya sueños.

-Hay que estar un poco alerta y decir: 'Es el mismo sueño, pero vestido de verde'.

-¿Cómo se vive en el patio de vecinos más chismoso del país?

-¿Como se puede y me dejan! Pero bien. Es un personaje muy entrañable, simpático y tierno.

-¿Es de mirar mucho en su casa por la mirilla?

-No, pero 'la Hierbas' tampoco mira. Lo hacen las tres viejas. -¿Tiene alma de 'okupa'?

-Me siento una peregrina en este mundo. Intento llevarlo lo mejor posible, a veces con más angustia.

Elevada con el éxito

-En la cumbre de la popularidad, ¿morir de éxito es más placentero o igual de doloroso?

-El éxito siempre es mimoso. Depende de cómo lo gestiones. A mí ya me ha pillado un poco 'elevada' y no me emborracho con facilidad. El teatro pone a un actor en su sitio.

-'El directo con el público es casi una misa', 'Soy medio monja y no salgo de copas', 'La poesía de San Juan enamora...' ¿La podemos ver levitar en cualquier momento?

-En esta obra no. Quizás en otras.

-Interpretó a Santa Teresa.

-Pretendo crear fulgores de emoción en el escenario y con la poesía lo intento por escrito.

-Fue secretaria, pero una crisis personal le condujo a los 23 años al arte dramático. ¿Tomó buena nota?

-Estaba predestinada a ser una buena secretaria, ama de casa e hija, y luego no he sido tal. Busqué la vocación y vi que sólo me interesaba ser una buena actriz.

-¿Encontró la inspiración en el 'Epi' de 'Epi' y 'Blas'?

-Ja, ja. Frecuenta las hemerotecas, ¿eh? Me encantan. ¿A usted no le gustaban?

-Son fantásticos.

-Cuando me propusieron participar en 'Aquí no hay quien viva' sabía que la serie era una farsa, un esperpento... Me inspiró ese tono aparentemente conciliador del personaje de 'Epi'. Esa cosa entre la angustia y el personaje positivo y suicida, pero que consigue tirar adelante. Esa voz agónica me encantó.

-Feliz al lado de su novio homeópata desde hace diez años, ¿aún le «excitan» más los árboles y pájaros?

-Sí. ¿Se imagina un mundo sin pájaros? ¿Qué coñazo! El canto de un mirlo es insustituible.

-Maniática del orden, ¿le aporta, al menos, serenidad?

-No me pillará con un trapo en la mano, aunque barro y plancho de vez en cuando. El ser humano tiende a tener una estructura sólida en su entorno.

 
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