El 30 de enero de 1998, dos etarras asesinaron en Sevilla al concejal Alberto Jiménez Becerril y a su esposa, Ascensión García. El último mensaje del matrimonio fue una llamada a su 'canguro' para que durmiera a sus tres hijos, de 9, 7 y 4 años. Unos días después del brutal crimen, De Juana Chaos escribió el siguientes párrafo: «Me encanta ver la cara desencajada de los familiares en los funerales. En la cárcel, sus lloros son nuestras sonrisas (...) Esta acción de Sevilla ha sido perfecta. Con ella he comido para un mes».
De Juana Chaos ha sido uno de los asesinos más despiadados de la banda cuando se encontraba en activo -asesinó a 25 personas entre 1985 y 1987, fecha en la que fue detenido- pero, una vez encarcelado, no ha mostrado la más mínima compasión o empatía hacia sus víctimas. Según fuentes penitenciarias, en los veinte años que ha pasado en prisión -ingresó en la cárcel hoy hace exactamente dos décadas- ha ofrecido uno de los perfiles mas inhumanos de la banda.
Personas que le han tratado aseguran, además, que siempre ha mezclado su vena despiadada con grandes dosis de narcisismo. Esta necesidad de satisfacer su ego le ha llevado a escribir de forma compulsiva -tiene publicados tres libros sobre su vida en prisión, cuyos derechos están embargados para resarcir a las víctimas- y a preocuparse de seguir las reacciones a cada uno de sus artículos. Cuando decidió iniciar su actual huelga de hambre, conocía todo lo publicado sobre él y era consciente, por ejemplo, de que se había contado que en en el anterior ayuno comió jamón york, pan de molde y miel, facilitados por familiares. Al anunciar que llevaría la protesta «hasta las últimas consecuencias», mencionó esas noticias y pidió que le aislaran para que no se le pudiera acusar de recibir alimentos.
Según las mismas fuentes, algunas de sus actuaciones más hirientes las hizo a sabiendas de que iban a tener eco mediático. En 1998, tras el asesinato del edil de UPN Tomás Caballero, De Juana pidió en el economato de la prisión de Melilla una tarta, langostinos y champán para celebrar el crimen. Sabía que nunca iba a recibir esa comida -en las cárceles está prohibido el alcohol- pero además, al final de la nota de pedido escribió: «Corre, corre, vete a contárselo a la prensa».
Pistolas de la Ertzaintza
De Juana Chaos nació en Legazpi hace 52 años. En 1983, cuando era uno de los ertzainas de las primeras promociones, ingresó en un comando de ETA. Esta célula estuvo implicada en el robo de 112 pistolas de la Ertzaintza en la Diputación de Guipúzcoa. Tras el asalto, De Juana huyó a Francia y en 1985 ya estaba en el 'comando Madrid'. En este grupo cometió algunos de los atentados más salvajes de ETA, como el perpetrado contra un autobús de la Guardia Civil en la madrileña Plaza de la República Dominicana, en el que fallecieron 12 agentes. Tras su ingreso en prisión, ETA preparó en 1990 un plan de fuga para que huyese en un helicóptero, pero las fuerzas de seguridad lo abortaron.
En 1997, el entonces director de Instituciones Penitenciarias, David Beltrán, se reunió con el preso para buscar una salida al secuestro de José Antonio Ortega Lara. El esfuerzo no sirvió para nada y Ortega fue liberado por la Guardia Civil, cuando ETA ya había decidido dejar morir de hambre al funcionario.
Pese a estar condenado a más de 3.000 años, De Juana sólo cumplió 18 de prisión dadas las redenciones de pena. Su posterior acusación por amenazas a causa de dos artículos le llevó a iniciar el 7 de agosto una huelga de hambre para pedir su libertad. Esta protesta, según las fuerzas de seguridad, no contaba con el apoyo de ETA, que rechaza las salidas individuales de los presos.
En un primer momento, apenas recibió apoyos -el resto de los presos no se movilizó a su favor- pero cuando su situación empezó a empeorar la ilegalizada Batasuna comenzó a enarbolar su causa como bandera. En octubre, abandonó el ayuno, después de que mediara la Iglesia vasca y se comenzase a gestar una reducción de la petición fiscal de 96 años -finalmente fue condenado a casi trece-. Su abandono de la protesta sentó muy mal en los sectores más radicales, que habían admitido a regañadientes su actitud individual y veían cómo el ayuno cesaba cuando comenzaba la campaña de apoyo. El 30 de diciembre, tras la bomba de Barajas, su situación ya formaba parte de las reclamaciones de la izquierda abertzale. Otegi aseguró que la mejor metáfora del proceso era el caso de De Juana.