Viernes, 26 de enero de 2007
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POLÍTICA

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La salud del etarra es tan débil que se arriesga a que le fallen varios órganos
La alimentación asistida no garantiza su supervivencia, en la que influye «de manera decisiva» el deseo de vivir
La salud del etarra es tan débil que se arriesga a que le fallen varios órganos
Imagen del preso en el hospital.
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El preso de ETA Iñaki de Juana Chaos se encuentra en un estado de salud tan delicado que corre el riesgo de sufrir en cualquier momento un fallo simultáneo de varios órganos que le conduzca a la muerte. El cuerpo humano es capaz de soportar sin ingerir alimento una media de 60 días -él cumple hoy 80-, aunque se han conocido casos, los menos, de personas que han sobrevivido diez meses. No es, sin embargo, lo normal, según explica el presidente de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC), Javier Aranceta, quien explicó ayer, a petición de EL CORREO, la forma en que responde el organismo cuando uno decide dejar de comer.

Según el especialista, la ingesta de sólidos en un alimentación normal proporciona al cuerpo la cantidad de hidratos, proteínas y grasas que necesita para que el sistema funcione, para que se mantenga en marcha el mecanismo de la vida. La interrupción brusca de ese proceso le obliga a adaptarse a una situación «muy extraordinaria», al tener que buscarse la energía que necesita no en el exterior -que es lo que se hace al comer-, sino entre sus propias reservas.

Sin grasa ni músculo

Los primeros tanques de «combustible» a los que se recurre son los del azúcar. El organismo saca fuerzas de la glucosa, el azúcar de la sangre, y del glucógeno, una sustancia compuesta de distintos azúcares que se almacena en el hígado y los músculos y que libera glucosa cuando las células la necesitan. El glucógeno es la principal fuente de energía del cuerpo humano, pero también se acaba.

Cuando eso sucede, la principal fuente de abastecimiento pasa a ser la grasa almacenada, que supone entre un 25% y un 30% del peso corporal y que, llegados a esta crítica situación, se transforma en los llamados cuerpos cetónicos y en ácidos grasos libres. Ambas sustancias garantizan el mantenimiento de la vida, porque el cerebro se encarga de que unas y otras se conviertan también en energía. Sin embargo, su producción en exceso puede llegar a contaminar el cuerpo hasta el punto de sumirlo en un coma.

Se pierden, en resumen, el músculo y la grasa. «El organismo va adaptándose paulatinamente a un estado de inanición, mediante su autoconsumo. De alguna manera se autofagocita», describe el especialista, miembro de la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao. Los procesos metabólicos, según dice, se van reajustando día a día, pero llegados a la tercera semana, la situación se complica.

Como una hibernación

El cuerpo, de manera sabia, tiende a no moverse. Aparece un desinterés natural por todo tipo de actividad que le permite ahorrar energía. La vida se prolonga gracias a un proceso «similar a la hibernación», que desencadena un enfriamiento del organismo y una ralentización de determinadas funciones, como la cardiaca. La situación se pone difícil una vez que se ha perdido el 10%de la materia grasa, grave si se llega al 20% y «crítica, extrema, difícilmente compatible con la vida», si se alcanza el 30%. Es el caso del histórico militante del 'comando Madrid'.

La vigilancia médica y la alimentación con una sonda endogástrica, directa al estómago, la terapia que se le ha dado en el hospital madrileño Doce de Octubre, no garantizan por sí solas su supervivencia. En su recuperación influye «de manera decisiva el deseo y la lucha personal por mantenerse vivo».

La salud de Iñaki de Juana Chaos ya no depende de su sola alimentación. Es muy posible que su estado nutricional, según Javier Aranceta, haya debilitado su sistema inmunológico hasta el punto de hacerlo muy susceptible a infecciones. Su debilidad general también le expone a un colapso metabólico, a un fallo multiorgánico. El corazón, el hígado, los riñones... «Su vida -resume el especialista- ya no debe depender tanto de si come o no, sino de las complicaciones muy graves que pueden surgirle con una infección».

f.apezteguia@diario-elcorreo.com

 
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