OLMO He oído por la radio que al parecer se va a obligar a las empresas de servicios a que las llamadas de los clientes sean atendidas por telefonistas de carne y hueso, es decir por seres humanos, en vez de las máquinas parlantes, que son las que se encargan actualmente de dar la matraca a la clientela. Lo celebraría de veras, porque estoy ya de las máquinas telefónico-parlantes hasta la sutura coronaria, que es como se sabe el polo norte del cráneo o parte mas alta del esqueleto humano. Creo que ya se lo he comentado a ustedes en alguna ocasión. Si lo repito hoy confiando en contar con su permiso, es porque necesito desahogarme después de la odisea que tuve que pasar hace unos días, cuando quise darme de baja en un servicio de telefonía y de alta en otro.
Llamé por teléfono al primero. Me recibió una máquina saludándome amablemente, porque eso sí, suelen ser maquinalmente amables, y me fue citando números para que eligiera el que tenía que pulsar según mi petición. Apreté al fin el número adecuado y salió otra máquina ofreciéndome dos opciones a elegir. Sigamos. Elegí una de las dos y me pasaron con otra máquina, la cual me pidió que explicase en que consistía mi problema. Sigamos.
A mí, eso de dialogar con un cacharro, por muy electrónico que sea y por muchos chips que tenga, me resulta un poco humillante, pero con estas máquinas no existe la posibilidad de protestar porque no entienden, y no tuve más remedio que explicar al cacharro aquel en que consistía mi problema. Y al fin, después de toda esta peregrinación por las diversas máquinas parlantes ¿Albricias y regodeos! pude exponer mi petición a una voz humana que me soluciono el problema.
Pero ahí no acabó la cosa. Porque después tenía que hablar con la otra empresa para reanudar sus servicios y vuelta a empezar el interrogatorio máquino-parlante, y vuelta a apretar teclas hasta encontrar de nuevo ¿albricias otra vez! la voz de un ser humano. Si he de ser sincero, estuve a punto de mandarlo todo a paseo, pero pensando en que tenía que volver a empezar y repetir la odisea telefónica y máquino-parlante, mantuve el tipo hasta conseguir lo que quería.
No pido ningún premio. Lo cuento tan solo como desahogo. ¿Será verdad que estas maquinas van a ser sustituidas por señoritas de carne y hueso?. ¿Ójala!.