Galés de nacimiento, aunque afincado en Durango desde hace 18 años, David Peterson ha dedicado el último lustro a investigar topónimos vascos. Más concretamente, la abundancia de estos nombres propios de lugar en la Sierra
de la Demanda y en la Rioja Alta, a partir de la documentación que se ha conservado en el monasterio de San Millán de la Cogolla y dentro del contexto geopolítico de la Alta Edad Media. Bajo el título 'El euskera al sur del Ebro. Siglos VIII-XI', este doctor en historia medieval por la Universidad de Burgos y licenciado en Oxford ofreció una conferencia en el Museo de Durango el jueves.
-Estas investigaciones las ha llevado a cabo para defender su tesis
doctoral, pero ¿qué le llevo a escoger un tema aparentemente tan árido, y quizá más propio de filólogos, como es el de la toponimia?
-Mi tesis se centró en las fronteras y las lenguas que dominaban el Alto Ebro entre los siglos VIII y XI, y uno de los aspectos más intrigantes que me encontré fue la concentrada y abundantísima toponimia vasca que había en zonas bastante alejadas de Euskadi. Éste fue uno de los enfoques que desarrollé en el libro, junto a las huellas que la influencia semítica dejó también en la zona, aunque, evidentemente, ayudado de filólogos. Concretamente, ha contado con el asesoramiento de Henrike Knörr y Joseba Lakarra, que me ayudaron mucho.
-Pero, ¿qué fue lo primero que le llama la atención antes de poner en marcha el proyecto?
-Yo vivo a caballo entre Durango y Burgos. Tengo una casita en Fresneda de la Sierra y estando allí, observé que había bastantes topónimos vascos. Previamente ya había escrito 'La Sierra de la demanda en la Edad Media', un libro publicado por el Instituto de Estudios Riojanos, y me planteé este reto como su continuación.
-Analiza la presencia de esos nombres propios de lugar de origen vasco dentro de dos contextos históricos.
-Sí, los primeros topónimos vascos en dialecto alavés se encuentran en la Sierra de la Demanda entre los siglos VIII y X, y describen actividades relacionadas con la ganadería. Dos ejemplos son 'Larrehederra' o 'Lamiturri', que hace referencia a las lamias y que da nombre a varias fuentes. En esos momentos, esa zona correspondía al lado occidental de la frontera que había entre Al-Andalus y el Reino de Asturias, al que pertenecía Álava, y que justifica la existencia de estos topónimos.
-El segundo grupo de topónimos tiene su origen en el siglo XI.
-Sí, hay muchos asentamientos agrícola en la Rioja Alta, junto al río Ebro, que tienen nombres acabados en 'uri'. Ochanduri, Herramelluri, Cihuri, Naharruri (la denominación antigua de Casalarreina), Gipuzauri que desapareció Todo esto tiene que ver con acontecimientos que tuvieron lugar entre 1025 y 1050 cuando Sancho III el Mayor de Pamplona empieza a extender sus dominios hacia el Oeste. Traslada la capital de Pamplona a Nájera y muchos baserritarras alaveses se trasladan a esa zona para crear pueblos en los alrededores de la frontera.
-¿Seguirá con sus investigaciones una vez publicada su tesis, hace apenas dos meses?
-Sí, tengo intención de seguir investigando en las dos direcciones, en la de la toponimia vasca y la semítica, aunque esta última tiene más recorrido. Me gustaría fijar la cronología para esa expansión y descubrir a cuándo se remonta la influencia del euskera. El problema es que hay poca documentación de esa época.