Recibir un masaje o eliminar una caries sin dar a cambio una retribución económica puede parecer a primera vista empresa de locos o de la Edad Media. Sin embargo, en el pequeño municipio vizcaíno de Ermua, una treintena de personas integradas en la Asociación Auzopolis hacen posible comprar sin euros. Es la hora del trueque.
Rosa, peluquera, atraída por la filosofía de esta asociación sin ánimo de lucro en donde se intercambian favores y habilidades entre vecinos, decidió desenfundar sus tijeras a cambio de que otro miembro del Banco del Tiempo llevara a su hijo de dos años a la cabalgata de Reyes. «Pago con lo que sé hacer y el saber que mi hijo estaba disfrutando es mi máxima satisfacción», asegura.
Arreglar un enchufe, forrar una caja, hacer una tarta, aprender a usar un DVD, coser el bajo de un pantalón, saber comprar pescado fresco, montar un mueble. Tareas cotidianas que para muchos supone todo un reto y que tal vez su propio vecino o vecina resuelva en un abrir y cerrar de ojos.
«La grandeza de este recurso es que posibilita que todas las personas tengamos un sitio. Porque, ¿quién no sabe hacer algo?», se pregunta Maite Fernández, que el pasado 10 de octubre inauguró junto a la ermuarra Inma Pagaldai 'Auzopolis', asociación gestada hace poco más de un año en el curso de Agentes de Empleo y Desarrollo Local ofrecido por el Ayuntamiento de Ermua.
«Al mismo tiempo que se da valor a saberes de la vida cotidiana, se rescatan las relaciones de confianza entre los vecinos para tener pueblos con vida y no pueblos dormitorio», continúa Maite que asegura que «si el Banco del Tiempo fuera un medicamento, no tendría contraindicaciones». En estos trueques existe un límite de crédito de 20 horas para propiciar el equilibrio y las relaciones de igualdad, y los gastos anexos al servicio, como tintes, empastes, gasolina o ingredientes para elaborar una cena los paga la persona que demanda el favor. «Es un consumo solidario que intercambia tiempo y no gastos», matiza esta trabajadora social.
El asociado de menor edad, de 24 años, mujer como la mayoría, conservó sus pantalones más preciados gracias al minucioso bordado realizado por una ex costurera de 'Auzopolis', mientras que el más veterano, de 66 años que domina el inglés y francés, traduce documentos y se ofrece para conversar, a cambio de un masaje de otra socia jubilada.
Inma, historiadora y francófona, recuerda satisfecha el momento en que fue requerida para hacer de intérprete de un inmigrante de Mali, familiar de una socia, en su visita a un médico especialista.
Trabajo en red
Para todas estas personas, la sensación de saber que en un momento de dificultad tienes un grupo de personas que te pueden ayudar proporciona una gran tranquilidad.
Y eso mismo sintió otra integrante del banco que recurrió a sus servicios para que la trajeran del aeropuerto a Ermua nada más saber que la persona encargada de recogerla había tenido un contratiempo y anulaba el trayecto.
Tanto Maite como Inma gestionan el Banco del Tiempo y a su vez intercambian favores. El primero que recibieron, a parte de la cesión de un local en Zubiaurre, fue la construcción de su página web por una ermuarra que, aunque reside en Inglaterra, precisa de arreglos en su ropa cada vez que regresa a la villa.
Una combinación de saberes intergeneracionales al que no quieren renunciar porque, según las promotoras de 'Auzopolis', el proyecto rescata las relaciones sosegadas de los caseríos y pueblos para ponerlos al servicio de nuestra comunidad.