Un hombre de 76 años falleció ayer en Zalla tras ser arrollado por un tren de Feve cuando cruzaba un céntrico paso a nivel de la localidad. La víctima, según la Policía local, no se percató de las señales de alarma que avisaban de la inminente llegada del convoy y atravesó la vía. En ese momento las barreras estaban bajadas, aunque no cubren todo el ancho de la calzada. Varias personas intentaron alertar del peligro a gritos, aunque sin efecto. La locomotora no pudo detener su marcha y atropelló finalmente al varón, que perdió la vida minutos después.
El trágico suceso ocurrió en el paso a nivel de Los Frailes a las 11.00 horas, cuando el tren que se dirigía hacia Balmaseda arrolló a E.L.G., un vecino del barrio de La Herrera. Los mecanismos de seguridad de Feve funcionaron correctamente ante la llegada del convoy. Las barreras detuvieron el tráfico y los dispositivos acústicos dieron aviso a los peatones. La víctima, sin embargo, no se dio cuenta. «Iba absorto. Llevaba la cabeza gacha, como si estuviera pensando en algo importante», señaló uno de los testigos.
Gritos de alarma, el claxon de varios coches y la bocina del propio tren intentaron avisar del peligro a E.L.G.. El conductor de la locomotora activó incluso el freno de emergencia, pero no pudo detener la máquina a tiempo y atropelló al hombre, a quien desplazó casi diez metros como consecuencia del impacto. El varón sufrió un profundo corte en la cabeza, aunque mantuvo la respiración y el pulso durante unos minutos.
Tráfico desviado
El cuerpo del fallecido quedó tendido junto a la vía durante más de dos horas, pero no afectó al servicio ferroviario. Los trenes, de hecho, continuaron su marcha con normalidad, aunque redujeron la velocidad al pasar por el lugar del accidente. La incidencia, en cambio, obligó a desviar el tráfico rodado durante media hora.
El suceso conmocionó a la localidad. La víctima era una persona muy social y querida. Fue presidente del Zalla de fútbol y formaba parte de la coral Lagunarte. «Era un tiarrón de casi dos metros, muy sano y bonachón. Se pasaba el día cantando por los bares con su cuadrilla», destacó un amigo.