Viernes, 2 de febrero de 2007
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La revolución de un bilbaíno
Un libro recoge la vida de Modesto Arámbarri, jefe de la Policía Municipal durante la II República y la Guerra Civil
La revolución de un bilbaíno
CON CLASE. Arámbarri, en su juventud y madurez. / EL CORREO
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El 18 de abril de 1902 vino al mundo en el quinto piso del número 42 de la Gran Vía Modesto Arámbarri. Poco conocido por algunos, pero muy recordado por otros, este bilbaíno dejó tras de sí una huella difícil de superar. Desde la jefatura de la Policía Municipal de Bilbao fue el encargado de modernizar un cuerpo que era hasta entonces blanco de mofas y puso la primera piedra de lo que hoy se denomina seguridad ciudadana.

Arámbarri nunca quiso compartir sus andanzas, ni siquiera con sus más allegados. Prefería que se le recordara cuando pasasen dos generaciones. Y así ha sido. El alcalde, Iñaki Azkuna, presentó ayer la biografía 'Modesto Arámbarri Gallastegui (1902-1988)' escrita por el doctor en Historia Contemporánea Andoni Vergara. 207 páginas ilustradas que rescatan la vida de una de las personas llamadas a convertirse en un ilustre bilbaíno.

Su historia se remonta a la II República y a la posterior Guerra Civil, una época difícil que marcó su carácter, ya fortalecido en la guerra de Marruecos. Fue en el año 1932 cuando Arámbarri se entera por la prensa de la vacante dejada por Luis Núñez al frente de la Policía Local. Superó con creces el concurso y en enero fue presentado en sociedad bajo la atenta mirada de los políticos de la época. No tembló, tenía las ideas muy claras a cerca de cómo abordar el desafío. La clave: evolucionar.

Entre sus aportaciones a la Policía Municipal destacan la despolitización, la educación y el cambio de uniforme. Los agentes dejaron ya de ser «chineles», «chivas» o «alguaciles», como se les apodaba antaño. En 1934 eran ya un total de 315 guardias con un sueldo de 3.000 pesetas que contaban a sus espaldas con 4.855 multas impuestas y 1.127 detenciones por delitos contra las personas. Un año que trajo consigo también la modernización de la flota de vehículos con la adquisición de nueve motocicletas, entre ellas, tres 'Harley Davidson', cuyo coste ascendió a 6.500 pesetas cada una.

Pena de muerte y exilio

El estallido de la Guerra Civil marcó un antes y un después en su carrera. En diciembre de 1936 José Antonio Aguirre nombró a Modesto Arámbarri como jefe de operaciones del País Vasco, lo que le llevó a participar en numerosas batallas. La caída de Bilbao le guió hasta Santoña, donde el ejército cayó a manos de los franquistas. Arámbarri terminó preso a la espera de una sentencia dictada de antemano. Sin embargo, fue su suegro, militar de 'la otra parte', el que consiguió salvarle de la pena de muerte.

Su única salida fue el exilio. Un censo francés le sitúa en Biarritz, desde donde trabajó como asesor técnico del Lehendakari Aguirre, según aparece detallado en el libro. No sería hasta 1947 cuando Arámbarri cruzaría la frontera para verse sometido a un Consejo de Guerra del que salió ileso gracias a la ayuda de amigos como Joaquín de Churruca. En 1949 logró el indulto.

Durante su jubilación disfrutó de sus dos grandes aficiones: leer y pasear. Y, según declara su yerno, Víctor Engeler, «de no volver a hablar nunca sobre su pasado militar». Como señaló Azkuna ayer, «de gran talla humana y siempre leal a los suyos».

 
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