Cuentan en Carranza que muchos niños acostumbraban hace años a presenciar cómo los buitres daban cuenta de las vacas y ovejas que morían en los prados debido a complicaciones surgidas en los partos. Cuando los predadores daban por concluido el festín, los chavales se rifaban quiénes agarrarían al buitre de cada ala. Con la panza llena, los muchachos paseaban al animal por los barrios del pueblo, como si fuera un colega más. Sin miedo alguno. Sabían que jamás les atacaría y que, finalizada la exhibición, el buitre leonado echaría de nuevo a volar y a hacer la digestión. Así, quizá, hasta la siguiente semana, que es lo que se calcula que por término medio aguanta sin comer esta especie.
Los tiempos han cambiado. Ya no son los niños los que se acercan hasta los buitres. Ni siquiera al comedero de Salduero, que sobrevolaban entre 400 y 600 ejemplares cada vez que la Diputación se acercaba a descargar cadáveres de animales para alimentarlos. Ahora son estas aves rapaces las que, acuciadas por la falta de comida, «llegan hasta las mismas puertas de nuestras casas». José Ramón 'Montxu', dueño del bar de Ranero, los ha visto a menos de 300 metros de su local, cuyas paredes adorna con varios cuadros con la fotografía del lehendakari. «¿Cuando viene le encanta comer chorizo y panceta!», afirma.
Los restos del cerdo
La última vez que 'Montxu' sacrificó un cerdo trasladó en su tractor un barreño «con desperdicios» a una zona para dar de comer a los cuervos. Antes de regresar al bar, los buitres ya habían dejado la zona como una patena. «En cinco minutos se lo zamparon todo. En el pueblo -explica- todo el mundo habla de que están muertos de hambre y que si dejan de echarles comida atacan lo primero que pillan. Lo mismo comen restos de cerdo que se ceban con ovejas enfermas o atacan vacas que quedan malheridas mientras paren al venir 'atravesados' los terneros. Le arrancan las placentas. Esto, jamás se había visto en la vida. Antes nunca atacaban animales vivos», explica.
Los barrios más 'calientes' son los más próximos al muladar: Ranero, Otides, El Mazo, Presa, Aldeacueva... En ellos suelen merodear los buitres leonados y, excepcionalmente, alguno de raza negra, especie propia de Extremadura. Ayer, debido a la nevada que aún cubre numerosos prados y pastizales de la Sierra Ubal, no se atisbó ningún buitre. Sí se vieron bandadas de cuervos en busca de «alguna víscera» que llevarse a la boca, afirmó un baserritarra de Sangrices. «Son los que abren el camino y avisan a los buitres», explicaba un grupo de lugareños a las puertas del bar 'Garras', en la plaza de Concha.
Por no haber, apenas se vieron ovejas. Debido al fuerte frío, los ganaderos dejaron sus rebaños en las cuadras, con lo que las rapaces se quedaron a verlas venir. «No se puede dejar el comedero vacío de la noche a la mañana porque estás rompiendo el equilibrio. Es nuestro aliado. Nosotros necesitamos al buitre por razones sanitarias para eliminar los animales que se nos mueren y estas aves carne para sobrevivir», aseguró un vecino de Ambasaguas.
En medio de este panorama, muchos ganaderos se temen «lo peor» en cuanto comience la época de los partos de terneros.