Hay proyectos que se dilatan en el tiempo y les cuesta ver la luz. El plan para abrir un nuevo campo de tiro olímpico en Abanto lleva siete años encima de la mesa. Y, ahora, afronta por fin su recta final. Tras recibir recientemente la declaración favorable de impacto ambiental por parte del Gobierno vasco, sólo debe salvar un último trámite administrativo para convertirse en realidad: la autorización de la Guardia Civil. Dentro de seis meses, acogerá a los primeros aficionados. Será el segundo foso de Vizcaya donde se puedan celebrar competiciones profesionales, después del de Leioa.
«No pensábamos que el proceso iba a ser tan largo y complicado», lamenta Arturo Núñez, presidente de la Sociedad de Caza de Abanto. Y es que desde que en el año 2000 recibiera el visto bueno del Ayuntamiento, el proyecto se ha visto envuelto en un sinfín de vicisitudes. La elección de su ubicación motivó los primeros contratiempos. El recinto estaba diseñado para construirse en los antiguos terrenos mineros de La Barga, pero la Dirección de Aguas del Ejecutivo autónomo prohibió la edificación del equipamiento en este solar. Su dictamen se basaba en el argumento de que la zona poseía «recursos hidráulicos de gran valor ecológico».
Un año después, el Consistorio buscó un emplazamiento alternativo. «Se eligieron unos terrenos situados al sur del barrio de El Ser, cerca del polígono El Campillo», explica el concejal de Deportes, Jon Andoni Etxebarria. El Gobierno vasco autorizó la nueva ubicación y en 2002 la piqueta comenzó a trabajar en el lugar. En apenas seis meses, el campo de tiro ya estaba construido.
Sin embargo, casi cinco años después no ha abierto sus puertas. «Cambios en la normativa han retrasado su inauguración», indica Núñez. De hecho, se han visto obligados a realizar varias modificaciones en la infraestructura como consecuencia de las nuevas legislaciones. La primera declaración de impacto ambiental sobre las instalaciones resultó desfavorable.
Robos y actos vandálicos
Por si fuera poco, desde que está en pie el recinto ha sido objeto de numerosos robos y actos vandálicos. «En tres ocasiones han roto la puerta de entrada al foso», se queja el presidente de la agrupación de caza. Otras piezas, como mallas y pivotes, han sido sustraídas. Además, el equipamiento se ha convertido en zona de pasto para los animales. «Como no lo podemos cerrar hasta que tengamos el permiso de la Guardia Civil, las vacas y ovejas entran allí a su libre albedrío», denuncia Etxebarria.
La práctica del tiro olímpico ha cobrado auge en los últimos tiempos. Pero los aficionados no disponen de suficientes instalaciones. «Todas las asociaciones de caza de la margen izquierda están esperando que se abra el nuevo foso», recalca Núñez. Incluso han empezado a diseñar el calendario de tiradas.