Javier Arrieta espera en la puerta de una lonja con varias barras de pan y algunas botellas de vino tinto. Ha sido el primero en llegar, pero no se trata de una excepción. Es miércoles y el reloj marca casi las ocho de la tarde, hora de que lleguen el resto de sus compañeros. No es una cena, ni mucho menos, sino el último ensayo del Coro de Uribarri antes de su puesta de largo hoy en honor a la víspera de Santa Agueda.
Hace más de treinta años que cantan juntos, pero muchas de sus 74 voces, todas ellas masculinas, dieron ya su 'do de pecho' hace décadas en el mítico Artxanda-zar. «Cuando desapareció, algunos decidimos que queríamos seguir con la tradición», explica Arrieta. Y es que pocos coros quedan ya como el de Uribarri, al igual que cada vez son menos los que mantienen viva la cultura del txikiteo.
«Es algo que se está perdiendo. Además de Bomberos y nosotros, apenas queda alguno que sea de Bilbao y tenga las mismas características. La mayoría salen de las ikastolas», reconoce Kepa Fernández, director del coro. «Una pena» que sólo queda suplir con sentido del humor. «Igual teníamos que modernizarnos. Somos unos vagos», comenta uno de sus miembros. «¿Vagos! Te parecerán pocos los años que llevamos», le contesta Jagoba Bilbao mientras coge uno de los palos. No para golpearle, sino para comprobar el sonido que produce al chocar contra el suelo.
Sólo con escucharles hablar se percibe la calidad de sus voces. Se reúnen tres veces antes de Santa Agueda. «Después de tanto tiempo, las canciones nos salen solas», coinciden. Calientan la voz con un 'pote' y a empezar. «Hasta los mejores coros los toman», advierten. 'Santa Ageda Ageda, geure martiri maitea, etxe honeri emondaiozu zorionak eta bakea', arranca Juan, que a sus 80 años es, además del más veterano, uno de los mejores solistas. Seguidores no le faltan. «Joe Juanito», le dedica un compañero sorprendido de su chorro de voz. Con un repertorio en su mayoría en euskera, pero en el que no faltan bilbainadas tan conocidas como 'Por el río Nervión' o 'Un inglés vino a Bilbao', los halagos se repiten en cada actuación.
Relevo generacional
La edad, sin embargo, no perdona y Juan se plantea ya la idea de abandonar el coro. «No por el tema de cantar, sino por ir de un lado para otro. Ya no estoy para cuestas», explica. Y es que, pese a ser de Uribarri, el grupo partirá este año desde Artxanda, después de disfrutar del primer tiempo del partido que disputará su equipo de fútbol preferido: el Moraza. A partir de las 13.00 horas recorrerán diferentes zonas del barrio, empezando por la plaza del funicular, y por la tarde, a Santutxu. «Lo que hace falta es sangre joven. El problema es que se ahogan en un vaso de agua y eso perjudica el relevo generacional», advierte Fernández.
La edad de los integrantes del coro de Uribarri oscila entre los 80 y los 21 años, aunque son apenas media docena los que tienen menos de treinta. Joseba Lopategui es uno de ellos. Tiene 25 años y lleva 6 en el coro, acompañando a su padre y a su tío. «Les comento a los amigos, pero no se animan», señala. Joseba lo tiene claro: «Es una tradición que deberíamos conservar entre todos».