José Luis Martín, más conocido como 'Peregrino', tiene sesenta años y lleva 23 viviendo en la calle. Los lectores lo recordarán por ser uno de los protagonistas de la serie 'Navidad sin techo' que publicó el pasado mes de diciembre este periódico. Del polvo de las minas pasó al de la contaminación y, después de recorrer varias ciudades, recaló en Bilbao, cerca de su madre y hermanos. Conoce la ciudad como la palma de su mano pero su rincón favorito se esconde en Deusto, frente al restaurante Casa Vasca. Allí toca cada mañana su guitarra para ganarse el pan y allí fue donde conoció a Juan Carlos Martín.
Se cruzaban todos los días. Uno se dirigía a su puesto de trabajo y otro ponía su banda sonora particular a la calle Lehendakari Aguirre, hasta que una tarde Juan Carlos se paró, le invitó a un café y le entregó un cuento que había escrito para él. «Ver cómo se desenvolvía con la gente, con ese desparpajo siempre respetuoso, me inspiró», recuerda. Semanas más tarde fue el propio 'Peregrino' quien le pidió que dejase constancia sobre el papel de sus andanzas. El pasado viernes se reunieron por fin en el restaurante para ver el fruto de su trabajo acompañados de algunas personas que con sus pequeñas limosnas han ayudado a José Luis a lo largo de los últimos años.
Viajes y amores
'Peregrino. El arte de vivir y sobrevivir en la calle' «no es una biografía ni un anecdotario sobre las mil y una cosas que le pueden pasar a un vagabundo en la calle», advierte su autor, que ha tardado dos meses en recopilar toda la información. Las 125 páginas del libro se presentan como «la esencia de una vida», la de un hombre marcado por un pasado y un presente que le han convertido, como el propio José Luis reconoce, en «el golfo de la calle».
Reacio a revelar sus asuntos más personales, 'Peregrino' no ha dudado esta vez en desgranar muchos de sus momentos más íntimos, como algún que otro escarceo amoroso en las vías del ferrocarril de Barakaldo. Su objetivo, como se apresura a asegurar, «no es el dinero. Lo que quiero es que mis nietos sepan lo que hizo su abuelo y no piensen que sólo fue un borracho».
La obra está dividida en diferentes capítulos, «algunos más 'mojados' en alcohol que otros», adelanta el autor. Entre ellos no podían faltar las conclusiones de sus «numerosos» viajes por otros países. «En Alemania se pasa mucha hambre porque nadie te da nunca nada. Italia es otra cosa», evoca.
El apartado más emotivo, no obstante, tiene nombres propios. Uno es el de Estrellita, su inseparable perrita, y otro, el de la persona que le dio la vida: su madre. «Una santa que a sus 84 años le ha aguantado todo», apunta Juan Carlos Martín. A ella dedica José Luis las últimas líneas del libro: «Pues fue difícil sujetar con tino lo que tanto amaba -placer y herida- a su hijo vagabundo, Peregrino».