OLMO Con este mismo título publiqué a finales del pasado año un comentario sobre uno de los problemas que existían en el Bilbao de antaño; el de no disponer de grifos de agua potable en las viviendas, lo que obligaba al vecindario a tener que ir a buscar el precioso e incoloro líquido en las fuentes públicas.
Estas fuentes, que hoy encontramos tan sólo en alguna plazas para que los niños puedan beber agua, eran entonces un elemento de primera necesidad. Tan de primera necesidad, que cierto invierno en que se heló el agua en las cañerías los empleados del servicio de limpieza tuvieron que hacer horas extraordinarias recorriendo las fuentes públicas con un carro de virutas y abundantes cerillas, encendiendo hogueras para calentar el hierro de las fuentes y restablecer el suministro.
Esta necesidad de ir a las fuentes públicas en busca de agua incluía otro problema suplementario y también una ventaja para las mozas que acudían con sus cántaros, baldes o calderos y podían aprovechar este paseo y el tiempo que tardaba en llenarse el recipiente para pelar la pava con el novio o chicolear con los soldados que acudían entonces a ligar en las fuentes públicas, un lugar donde era fácil encontrar conversación femenina.
Pero también los cacos de la época, que no perdían ninguna oportunidad de poner en práctica su oficio, vieron en las fuentes una posibilidad de poner en práctica sus habilidades, mientras las mozas se distraían con los mozos o con los soldados. Ya di cuenta a ustedes de la noticia referida a una criada de servicio a la que birlaron una cesta de comestibles valorada en 30 reales mientras estaba de palique.
Hoy, como prueba de lo extendida que estaba esta práctica delictiva hidráulica y como prueba también de que los cacos no le hacían ascos a ningún botín por extraño que fuera, les copio esta otra gacetilla que se publicó el 8 de enero del año 1884. Dice así: «A una criada de servicio que estaba ayer cogiendo agua en la fuente del barrio de Mena le robaron la caldera mientras fue a pelar la pava un rato con su novio».
Ya lo dice el refrán; a falta de pan buenas son tortas o a falta de dinero bueno es un caldero.