Sábado, 10 de febrero de 2007
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Carnaval
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Así que sería posible que un juez tras una denucia pudiera ordenar enmudecer los tambores de Calanda, un supuesto tan posible como para que el sordo Buñuel se removiera en su tumba. Se suspenden de forma cautelar las fiestas más populares de Santa Cruz de Tenerife más allá de de las diez de la noche y con música. El carnaval famoso ha ido acrecentando la atracción, aumentando por ello el nivel del negocio en cada ejercicio carnavalero. Pero no será con nocturnidad. Todo porque unos vecinos no soportan un año más el barullo de ritmos de hasta 115 decibelios dicen, un tradicional pero atronador jolgorio de varios días por lo que quince de entre ellos pusieron una demanda alegando su derecho al descanso.

Quieren los demandantes que carrozas y desfiles se vayan a otra parte, les complacería que trasladasen los actos al extrarradio si es posible, lejos del centro urbanita y acaparador de bullas. Ah, con la Fiesta en la calle hemos topado. Con el desmadre y francachela popular y callejera a toda marcha, a pleno ruido; pero la cuestión es que también la juerga colectiva es una esperada catarsis masiva, oiga.

Endiablado contencioso éste de la isla canaria. Que hay gentes por Aste Nagusia en esta misma ciudad en qué vivimos, en la de Valencia durante las Fallas, en Pamplona por Sanfermines además de en otras ruidosas, fragorosas festividades patronales, que huyen prácticamente de sus casas, abandonan sus hogares en esas fechas de estridencia ambiental por estar situados en el meollo de los festejos, empapados por el chaparrón musical al máximo volumen y el diapasón zumbón del griterío. Unos optan por escapar de la quema festiva, otros se quedan para festejar, otros se resignan, pero en la capital tinerfeña se oponen con la ley en la mano y se apagan los altavoces, se paralizan las pelvis danzarinas, se frena en seco la cabalgata.

Para el alcalde y ciudadanos indignados por el auto la Justicia es ciega, lleva venda y no antifaz con ranura para los ojos. No ve más allá del ruidoso alborozo ahora hecho conflicto. Resta sólo negociar con los denunciantes. A esperar. Se ha llegado al punto de que el carnaval depende del talante dialogante de las partes.

 
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