Tiene un punto de timidez. Siempre mira en posición de 'prevención' ante cualquier pregunta, aunque a los pocos segundos se vuelve afable y cercano. Transmite sinceridad, ausencia de artificios y esa sensación de chico bueno que jamás ha roto un plato y, si lo hizo, fue sin querer. Y, además, se pasaría varios años pidiendo perdón por ello. Álvaro Videgain se ha ganado a pulso la fama de buen gestor, de líder comprometido en la industria más difícil, la del acero. Ahora acaba de asumir la responsabilidad de presidir el Círculo de Empresarios Vascos. Una organización a la que pertenece la élite de la clase empresarial de Euskadi, los '40 principales' del Código de Comercio.
-Es evidente que ser empresario en el País Vasco es complicado. Mucho más que en otros sitios. Ser la cara y los ojos de una institución empresarial seguro que añade un par de dosis de problemas 'colaterales'. ¿Qué le dijo su mujer cuando le contó que aceptaba este cargo?
-¿¿¿Ufff...!!! Bueno, como se dice en términos bursátiles, lo tenía descontado. Ella y yo, los dos. La presidencia del Círculo tiene un carácter rotatorio y hace ya algunos años que sabíamos que me tocaría. Para mí es un honor, forma parte de ese compromiso que los empresarios vascos hemos tenido desde siempre con este país. A pesar de las dificultades, aquí estamos.
-¿Alguna vez, en los momentos más difíciles, cuando ha mirado a su alrededor y se ha visto protegido por los escoltas, se ha dicho «me voy, se acabó, no aguanto más»?
-De verdad, de verdad, no. Éste es mi país, es nuestro país; lo hemos construido entre todos, nacionalistas y no nacionalistas. Y eso es lo que tenemos que construir para el futuro: un sitio en el que podamos vivir todos con tranquilidad.
Respaldo
-El anterior presidente del Círculo, Alejandro Echevarría, se mostró optimista antes de la tregua y lanzó un mensaje de respaldo al Gobierno de Zapatero durante el periodo de alto el fuego. Ahora, después del atentado de Barajas, ¿siguen apostando ustedes por la vía del diálogo con ETA?
-Vamos a respaldar cualquier iniciativa legítima para alcanzar la paz. Siempre que haya un respeto por la legalidad y que se respeten los principios democráticos y la memoria de las víctimas, nosotros estaremos detrás, apoyando.
-¿Cree que es posible después de ese brutal atentado o mientras se queman estaciones de tren o cajeros automáticos?
-Con violencia no vamos a ningún sitio. Esa iniciativa legítima debe producirse en ausencia de violencia porque la 'kale borroka' no forma parte de las reglas del juego. Creo sinceramente que la izquierda abertzale tiene una gran oportunidad para demostrar que forma parte de un sistema democrático. Aparentemente se están produciendo cambios ahí. Ahora deben completarlos sacando la violencia de su esquema de funcionamiento.
-¿Le pediría algo a la clase política?
-Sí: que se den cuenta y no se olviden de que los ciudadanos somos sus clientes. Deben servir a nuestros intereses. Y la sociedad demanda que en esto estén unidos. No es aceptable una división de la clase política ante un problema de esta naturaleza.
La 'marca vasca'
-La 'empresa ETA' se financiará de alguna manera. Tras la declaración de tregua, ¿han vuelto a sentir ustedes la extorsión de las cartas en las que se les pide dinero?
-No digo que no puedan existir casos, pero sí que puedo asegurar que no tenemos constancia de una campaña masiva. Al menos, por ahora.
-En algunos momentos especialmente duros pareció que la 'marca vasca' se resintió, que las empresas de Euskadi podían atravesar problemas en otros mercados por un problema de imagen. La contaminación del márketing a manos de la política y el terrorismo.
-No creo sinceramente que eso haya ocurrido de forma tan evidente. Al contrario, tengo la impresión de que las empresas vascas siempre han tenido una etiqueta de admiración. Incluso creo que también fuera se reconoce el esfuerzo que hemos hecho de mantener el compromiso a pesar del terrorismo.
-Ustedes siempre han mostrado preocupación por la imagen del empresario. ¿Cómo está el termómetro de esa imagen dentro de Euskadi?
-Soy optimista en eso. Después de algunas épocas en las que los empresarios no estaban bien vistos, especialmente durante los años de la crisis, ahora creo que se han vuelto a recuperar los valores de los emprendedores.
-¿Tienen ustedes un problema de vocaciones?
-Nooooo..., ¿qué va! Aquí hay semilla de sobra, para rato. Una sociedad es importante en función de su clase media. Y en ese modelo encaja perfectamente el emprendedor vasco, que ha construido un tejido de pequeñas y medianas empresas que son un fiel reflejo de una clase media potente.
El tamaño importa
-Ya que ha sacado usted el tema del tamaño de las empresas y haciendo un esfuerzo sobrehumano para no preguntarle por los rumores de fusión en la que usted preside (Tubacex), ¿cree que a Euskadi le faltan grandes compañías?
-Es cierto que el País Vasco ha perdido, por unas razones o por otras, buena parte de lo que fueron sus grandes empresas. ¿Cuántas quedan con más de 1.000 trabajadores? Pocas. Sería bueno rescatar una reflexión sobre el asunto, analizar por qué pasó y no repetir los mismos errores. Dicho esto, está claro que la unión hace la fuerza y que en procesos como la internacionalización es clave el tamaño.
-¿Le parecería a usted correcto que un Gobierno interveniera para animar la fusión de dos compañías?
-La fusión de empresas, salvo que hablemos de compañías de capital público, no es la tarea de un Gobierno. Eso debe dejarse en manos de las propias empresas.
-El fenómeno de la deslocalización, el traslado de empresas fuera del País Vasco o la fuga a Madrid, por ejemplo, de los cuarteles generales ¿le preocupa?
-Lo acepto y trabajo para que no se produzca. La economía es global y hay que aceptarlo. Por eso hay que aceptar, no podemos protestar porque una empresa se mueva a otro sitio o cambie su centro de decisión. Seguro que tiene sus razones y seguro que son de índole económico. Por eso, en lo que tenemos que esforzarnos es en crear las condiciones para que no se vayan o para que vengan las que están fuera. Condiciones de calidad de vida, laborales, incluso de estabilidad política. Todo entra en el juego.
-¿Quién es el dueño de una empresa?
-Está claro, ¿no? Sus accionistas.
-Pues le prometo que en determinados momentos parece que las empresas son o del Gobierno de turno o de sus directivos. No tiene más que mirar al 'espectáculo Endesa'.
-Nada, nada. La empresa es de los accionistas, que están representados en los órganos de gobierno de cada sociedad. Bueno, la verdad es que una empresa es de todos los que tienen una relación con ella: los accionistas, sus directivos, sus trabajadores, los proveedores, los clientes...