El sábado viajamos hasta el Meatzari Aretoa de Muskiz para ver a Howe Gelb, icono de culto del rock americano actual, líder del grupo Giant Sand, mentor de Calexico y entretenedor acreditado entre una élite que habría sido mayor si hubiera actuado en un local de la capital vizcaína. En Muskiz nos congregamos 150: cien chicos y chicas de fuera del pueblo que desconocían el inglés más de lo aparente (el artista llegó a espetar un «¿me entendéis?», harto de que no se riera nadie con sus chistes y un poco con la mosca detrás de la oreja porque los técnicos no disminuyeron la intensidad de los focos cuando lo solicitó) y unos cincuenta paisanos cincuentones que configuraban la parroquia más atípica reunida en un bolo.
Howe Gelb subió al tablado por el patio de butacas, después de oír desde una de sus esquinas la última interpretación de los teloneros, los agónicos Young Talent Show, de Gernika, ahí es nada. El de Tucson, Arizona, afeitada su perilla fronteriza y gastando una pinta asaz pulcra, se alargó en demasía. Sobró el segundo bis y sabemos de un espectador que se durmió, pero no roncó, lo cual le agradecieron sus amigos a la salida. Ya, es que Gelb se limitó al papel de cantautor normal, ronco y susurrante vía Dylan, Waits y un Elliott Murphy polvoriento, los Violent Femmes y un Jonathan Richman no naíf
En el teatrito municipal sin barra para ahogar las penas, el yanqui desestimó los pregrabados con los que fascina y alternó guitarra, piano, armónica episódica y... ¿tres micros!, en una cita carente del magnetismo de encuentros anteriores, con pocas versiones (un trazo de Sinatra, Cash en el primer bis, 'Hey Jude' de coda coral) y la confesión inédita del artista: soltó que se aburrió.