Dos veinteañeros con sus mochilas a cuestas rellenan un formulario en el Consulado británico de Bilbao. Uno de ellos ha perdido el pasaporte y precisa un documento de emergencia para regresar a su país. «Sólo después de San Fermín llegamos a recibir en nuestra oficina más de medio centenar de documentos extraviados», explica Derek Doyle, uno de los últimos cónsules nombrados en la villa.
-Un inglés vino a Bilbao.... ¿por ver la ría y el mar?
-Y a las bilbainitas, ja, ja, ja... Mejor dicho, a una duranguesa. Mi mujer fue a Newcastle de 'au pair'. Yo estaba en la universidad, nos conocimos y... ¿ya llevo aquí 34 años!.
-¿Y en el consulado?
-Tras varias ocupaciones, me enteré de que había una vacante de agregado comercial. Siempre pensé que ésta era una labor tremendamente satisfactoria porque facilitas la posibilidad de que una empresa haga un negocio. En 1997 me nombraron vicecónsul. Y a principios de julio de 2005 tomé las riendas del Consulado.
-Ya conocía el terreno.
-Sí, claro. Además de prestar servicio a nuestros compatriotas, intentamos potenciar la relación comercial entre el Reino Unido y el País Vasco. Básicamente, presentamos a las empresas informes con contactos.
-¿Del País Vasco?
-Nuestro radio de actuación abarca también Cantabria, Asturias, León, Palencia, Burgos, Navarra y La Rioja. El mismo tamaño que Escocia.
-No le faltará trabajo.
-El día es largo, pero muy entretenido: nunca sabes lo que te va a tocar hacer. ¿Somos tremendos en las fiestas, porque podemos hablar un poquitín de todo!
-Por cierto, es famosa la intensa vida social de los cónsules.
-Claro, al final sólo trasciende lo frívolo. Pero en esas fiestas es donde se crea nuestra red de contactos.
-Siempre ha habido buena relación entre Londres y Bilbao.
-Sí, a veces da la impresión de que es un tópico, pero no lo es tanto.
-¿Hay mucho en común?
-Hace años, a Bilbao se le llamaba 'el pequeño Londres'. Cuando yo llegué aquí, recuerdo que había auténticos trolebuses londinenses. Otro nexo es la relación industrial y comercial, excelente. Si rascas un poco en la superficie de Bilbao, encuentras algo británico. Y si vas 20 metros debajo de la Gran Vía, encontrarás el metro de Foster. Ja, ja, ja...
-¿Echa de menos su país?
-Hummm... Sí y no. Mis hermanos suelen venir. Cuando voy a mi ciudad, doy un largo paseo para recordar mi infancia. ¿Cosas que echo de menos? Siempre traigo pasteles de carne, el clásico 'pie' inglés. Pero, bueno, también suelo cocinar aquí mis propios 'pie'!
-Y cuando está allí, ¿qué echa de menos de Bilbao?
-Sobre todo su gente. Muy buena gente. Abiertos, dispuestos a ayudar... como la gente de Newcastle.
-¿Cuál es la imagen que tienen sus compatriotas de Bilbao?
-Muy buena. Cada vez vienen más turistas. Jamás me he encontrado a un hombre de negocios que haya tenido alguna queja al marchar. Todo lo contrario, se van con ganas de volver.