Después de más de un mes de crecimiento incesante, las estadísticas de la semana pasada sobre la incidencia de la gripe en Euskadi por fin presentan un descenso. Los epidemiólogos del Departamento de Sanidad consideran que este declive podría corresponder ya al último tramo del brote estacional: «Puede ser el descenso de la onda epidémica de la presente temporada, ya que se ha producido una reducción de los casos registrados y de los aislamientos en el laboratorio», explica la Dirección de Salud Pública. No obstante, no se puede despreciar la posibilidad de que se produzca un repunte de última hora.
Las tablas de la semana pasada presentan una tasa de 277 afectados por cada 100.000 habitantes, frente a los más de 400 de siete días antes, cuando se alcanzó el pico máximo de este invierno. Si se confirman las sospechas de los especialistas y la gripe continúa remitiendo, el brote de este año habrá sido más fuerte que el de la temporada anterior, cuando el índice no llegó a 300, pero bastante más flojo que el de 2004-2005, que rebasó los 700. No obstante, como suelen puntualizar los especialistas, estas valoraciones se refieren sólo a la epidemiología y no a los síntomas, ya que quien contrae la enfermedad lo pasa igual de mal independientemente de su grado de propagación.
De hecho, la Sociedad Española de Neumología ha destacado que la cepa de este invierno tiende a provocar síntomas más duraderos que las de otros años, con fiebre alta que puede prolongarse hasta diez días, es decir, dos o tres más de lo habitual. Además, la infección ha concentrado su incidencia sobre los más pequeños, con las consiguientes dificultades de diagnóstico.