Esta vez, el jurado lo tenía fácil. Las partes habían llegado a un acuerdo antes del juicio contra Francisco E., acusado de matar a golpes a su compañera sentimental, Ana Isabel Madariaga, tras una discusión en el domicilio conyugal en Barakaldo, en octubre de 2005. Los nueve miembros del jurado, más dos suplentes, sin embargo, tenían la última palabra.
El portavoz del tribunal popular leyó su veredicto a las cinco y cuarto de la tarde de ayer en la Audiencia vizcaína: «culpable de homicidio con el agravante de abuso de superioridad», tal y como habían pactado previamente las cuatro acusaciones y la defensa. La decisión fue adoptada por «unanimidad» después de apenas cuatro horas de deliberaciones. Los jurados se mostraron disconformes a la petición de un posible indulto para el homicida.
Conocido el veredicto de culpabilidad, el fiscal pidió una pena de doce años, seis meses y un día de prisión para el condenado y una indemnización de 120.000 euros para los padres de Ana Isabel, y 30.000 euros para cada una de las hermanas de la víctima. Las demás acusaciones -el letrado de la familia, el abogado del Estado y el Ayuntamiento de Barakaldo-, además de la defensa, mostraron su conformidad con la solicitud del Ministerio público. Inicialmente, la Fiscalía pedía 10 años por homicidio; la acusación particular, 17 por asesinato, y la acción popular -Clara Campoamor y el Consistorio baracaldés- 24 años de cárcel al estimar que había también un delito de malos tratos.
La sesión apenas duró unos minutos y Francisco E. regresó a la cárcel donde hasta ahora permanecía ingresado provisionalmente. Tampoco lo tendrá difícil a partir de ahora la magistrada-presidenta del tribunal para fijar la pena y redactar la sentencia.
La resolución del caso ha sido rápida y sin complicaciones al haberse gestado en los días previos a la vista oral. La asociación Clara Campoamor llegó a retirarse del proceso al no compartir el pacto entre las partes.
«Puño cerrado»
En la primera sesión, el acusado confesó que había golpeado «con el puño cerrado» a su pareja, alcohólica en tratamiento, porque «llegó bebida» a casa. Después, la recogió del suelo y la dejó en un sofá antes de irse a dormir. Según declaró, no sospechaba que Ana Isabel podía estar ya muerta, como indicó después la autopsia. El hombre se fue a trabajar y sólo al volver a casa, a las dos y media de la tarde, se percató de que la mujer había fallecido y avisó a los servicios de emergencia.
Antes de concluir el juicio, cuando la jueza le concedió el último turno de palabra al acusado, Francisco E. pidió perdón a la familia de Ana Isabel por el daño causado.