En materia de transportes, lo complicado no es tanto conocer los efectos negativos que tiene sobre la vida diaria de las personas -en forma de atascos- o sobre el medio ambiente, como sí cuantificarlos en euros. Por primera vez, el Gobierno vasco ha ido más allá en esta clase de estudios periódicos para intentar poner coto a una fuga anual de 1.952 millones de euros. De ellos, sólo el 2% -47 millones- corresponde a los costes ocasionados por el ferrocarril, ya sea en el sector de viajeros (39) como en el de mercancías. Con estas cifras, el Ejecutivo autónomo ve reforzada aún más su defensa de la 'Y' ferroviaria. Pese a que no disponen de una previsión del ahorro que para las arcas públicas supondrá su operatividad, la consejera de Transportes, Nuria López de Guereñu, avanzó ayer que «se traducirá en una mejora importante».
Para la elaboración del informe, el Gobierno vasco ha utilizado una herramienta de medición pionera, desarrollada por una consultora suiza, que será de obligada implantación en la Unión Europea en junio de 2008. El propósito, explicaron, se basa en cuantificar los costes externos del transporte terrestre para reducir la «ineficiencia» del sistema. Entre los elementos a mejorar, destaca una falta de equidad social, es decir, que «a menudo pagan los que no deben».
El estudio fue presentado ayer en Bilbao por la consejera del ramo e Íñigo Palomino, director de Transportes del Departamento. Las cifras analizadas se refieren al ejercicio 2004, un hecho al que quisieron restar relevancia ya que, en su opinión, «lo importante» es tener una metodología capaz de cifrar estos costes. Además, matizaron que las cantidades son una referencia que puede extrapolarse a la actualidad.
El estudio, dividido en ocho parámetros -desde accidentes, ruidos o contaminación del aire hasta cambio climático o congestión-, cifra los costes externos en 930 euros por persona y año, o bien, 2.600 euros por familia media. De estas ocho categorías, la que más dinero supone es la referida a los accidentes de tráfico, con 780 millones. De ellos, apenas 135.000 euros corresponden al ferrocarril, así que el perjuicio del transporte por carretera es abrumador, sobre todo en el sector de viajeros, con un déficit de 604,5 millones.
El segundo parámetro de mayor relevancia es el referido a la contaminación del aire -impacto que tiene en la salud de las personas y en las explotaciones agrícolas-. De los 517 millones de pérdidas, más de 500 están originados en la carretera. La contaminación del transporte ferroviario, por su parte, es notablemente inferior, ya que sus costes no superan los 12 millones.
Cambio de estereotipo
En el cómputo general de las ocho variables, el estudio revela que el sector de viajeros provoca el 63% de las pérdidas frente al 37% de las mercancías. «Tenemos un problema de percepción ya que se tiende a asociar las complicaciones en la circulación con el tráfico pesado», recalcó Palomino. Tras manifestar que estos datos «rompen con los actuales estereotipos», advirtió de que la ciudadanía «tiene mucho que decir» en la aplicación diaria de los criterios sostenibles.
El estudio no sólo cruza los datos entre carretera o ferrocarril, o entre viajeros o mercancías, también diferencia el comportamiento de cada tipología de vehículo. Así, los costes más altos están provocados por los coches, con 1.062 millones, frente a los 471 de los camiones, los 252 de las furgonetas, los 64 de las motocicletas o los 54 de los autobuses.
Por otra parte, el informe evalúa los costes por unidad transportada, cifradas en céntimos por persona o tonelada-kilómetro. La conclusión más categórica, según recalcó Palomino, es que el coste del transporte de mercancías por carretera es cuatro veces inferior al del camión -4,48 céntimos de costes externos frente a 1,25-.
El Gobierno vasco ya cuenta con un exhaustivo análisis encima de la mesa, ahora le toca remediar el problema. Para ello, la Autoridad del Transporte de Euskadi tiene previsto reunirse en marzo para ultimar la creación de una ponencia interinstitucional integrada por el Ejecutivo, los municipios y las diputaciones, que establezca las directrices a seguir hasta que la 'Y' cambie los hábitos de miles de vascos.
Una de las posibles soluciones pasa por implantar nuevos peajes o modificarlos para que se cumpla la filosofía europea de 'quien utiliza, paga' y 'quien contamina, paga'. En este sentido, López de Guereñu aseguró que sólo es una alternativa como pueden serlo las campañas para fomentar el transporte público, las políticas para reducir la exposición sonora en entornos urbanos o las iniciativas destinadas a mitigar la accidentalidad. Para ello, se coordinarán con Interior, Medio Ambiente y Vivienda.