Sábado, 24 de febrero de 2007
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Aquellas droguerías
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DE CUANDO EN CUANDO OLMO Una lectora llamada Sorkunde me escribió no hace mucho una carta preguntando quién fue el fundador de las perfumerías (en realidad se llamaban droguerías) de Barandiaran. Le respondí que no lo sabía, pero como aquí todo se explica contando con la amabilidad de mis lectores, hoy se lo voy a explicar tal como me lo contó un nieto del fundador de aquella cadena comercial.

El fundador fue por lo visto don Eduardo Barandiaran Barcena, un emigrante que se fue de Otañes a Cuba en el año 1852 y volvió quince años más tarde domiciliándose, finalmente, en Bilbao. Y como el hombre eran de temperamento emprendedor, comenzó comprando, al parecer, una droguería que ya existía en Artecalle, y aquella fue la tienda matriz y motriz de lo que más tarde se convertiría en una cadena de droguerías de las cuales quedan hoy dos: una en Artecalle y otra en la esquina de Bailén y Navarra, donde se puede ver la fecha fundacional: 1902.

Pero sin duda, lo más curioso de mi charla surgió cuando yo le pregunté al nieto de don Eduardo Barandiaran, de quien fue la idea de aquella promoción publicitaria de regalar una entrada para el Salón Olimpia por cada siete pesetas de compra. Y así me enteré que el señor Barandiaran pertenecía a una sociedad de amigos que eran precisamente los dueños del cine Olimpia, situado en dos grandes barracones de la Gran Vía, uno para las localidades de general y preferencia, y el otro más elegante para las de butaca y palcos.

En uno de aquellos palcos tenían su localidad reservada los dueños, a quienes solían acompañar algunos amigos que se colocaban lógicamente detrás de ellos. Como tenían que alargar el cuello para ver la película, fueron bautizados como 'el palco de los jirafas'.

Y así fue como don Eduardo, como propietario del popular cine, tuvo un día la buena idea de lanzar aquella promoción publicitaria regalando una entrada de general para Olimpia por cada siete pesetas de compra. Una promoción que se hizo tan popular que los chavales de la época, cantábamos con música de Santa Águeda aquello de «atorrante que vas al Olimpia, con entrada Barandiaran, y te pones en primera fila sin pagar un cochino real».

 
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