Lunes, 26 de febrero de 2007
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Intensifican la vigilancia policial para evitar la concentración de toxicómanos en Barakaldo
Grupos de drogodependientes se reúnen a diario en un céntrico parque de la localidad muy frecuentado por estudiantes y jubilados La Ertzaintza y la Policía local se coordinan para patrullar por la zona
Intensifican la vigilancia policial para evitar la concentración de toxicómanos en Barakaldo
PUNTO DE ENCUENTRO. Los toxicómanos ocupan con frecuencia los bancos anexos a las Escuela Oficial de Idiomas. / JORDI ALEMANY
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Hace años que un grupo de toxicómanos comenzó a reunirse en Barakaldo. Desde entonces, tienen una cita diaria con el parque de Los Hermanos, en pleno corazón de la localidad. En ocasiones llegan a concentrarse hasta 25 personas en tratamiento por su adicción a las drogas. Su presencia no crea inseguridad ciudadana. El problema, según el Ayuntamiento, es que la imagen del segundo municipio vizcaíno sale seriamente trastocada. Por eso, quiere evitar «a toda costa» la concentración de estos drogodependientes en el centro de la ciudad y ha optado por intensificar la vigilancia policial en la zona.

La Ertzaintza y la Policía local se coordinan en las últimas semanas para patrullar con mayor frecuencia por las cercanías del parque. Lo hacen como medida de «presión», sin proceder a detenciones ni cacheos. Van uniformados o de paisano, según la ocasión. «Es una cuestión de imagen más que un riesgo, porque en realidad no son peligrosos», admite el edil del área de Seguridad Ciudadana, Juan José López Colás. Suelen agruparse en uno de los lugares de ocio y estancia más importantes de Barakaldo. De ahí las quejas de quienes pasean por Los Hermanos, principalmente madres con hijos, estudiantes y jubilados.

Al Consistorio las protestas le llegan ahora con cuentagotas. Eso sí, las críticas arrecian con fuerza cada cierto tiempo y la institución local no quiere dejarlas de lado. «Entendemos las reticencias de los vecinos, porque al fin y al cabo la mayoría son enfermos y se encuentran en un evidente deterioro físico», justifica López Colás. Otro tema es la imagen que se da a los visitantes. Los toxicómanos frecuentan los bancos situados frente a la Escuela Oficial de Idiomas, donde estudian cientos de personas de la comarca. Es un lugar muy cercano a la boca del metro de la calle Elkano.

El Ayuntamiento tiene claro cuál es el motivo de la proliferación de los toxicómanos en esta zona de esparcimiento. En su opinión, «la culpa» es de un cercano centro de drogodependencias de Osakidetza. Está situado desde hace tiempo en los bajos de un edificio de viviendas de la calle Valentín de Berriotxoa y antes se encontraba en Elkano, a apenas unos metros. Según el Consistorio, algunos pacientes aprovechan la proximidad del parque para agruparse tras recibir el tratamiento. «Es algo que los baracaldeses deberían agradecer al Gobierno vasco», ironiza el concejal socialista.

El personal de la consulta médica se niega a aceptar esta versión y la atribuye a «una extendida creencia». Existe la convicción de que en este centro se suministra metadona a las personas en tratamiento, algo que desmienten sus responsables. «Eso no es así. Aquí se asiste psicológicamente a unas 1.000 personas al año, entre ellas drogadictos y también ciudadanos dependientes del alcohol», explican los empleados de este equipamiento del Servicio Vasco de Salud. La metadona se distribuye «desde hace tiempo» en ambulancias por diversos puntos de la margen izquierda, añaden los trabajadores.

Reforma y escondrijos

Más allá de este debate, lo cierto es que el parque es un lugar ideal para guarecerse y esconderse de los ciudadanos de a pie. Hay ciertos lugares sombríos o ciegos, donde nadie les llega a ver. Eliminar esos 'puntos negros' es uno de los objetivos del Ayuntamiento en los próximos años. Los responsables locales tienen incluso preparado un proyecto de reforma de Los Hermanos, que espera su turno en un cajón. Para el director de Planificación Urbanística, Pedro Jáuregui, sería conveniente que este ambicioso plan incluyera el derribo de un centro para la tercera edad del Instituto Foral de Asistencia Social (IFAS).

Los locales están en un edificio enclavado entre el parque y la Avenida de la Libertad. Y su desaparición abriría este espacio a una de las principales arterias del municipio, lo que erradicaría los «escondrijos» en la zona. «Es la opción más adecuada desde el punto de vista urbanístico y atajaría el problema de raíz», insiste Jáuregui. El principal problema es que, antes de derribar el inmueble, habría que realojar a los usuarios en algún edificio cercano. Sin ese paso previo, los responsables municipales deberán aparcar sus planes.

 
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