Resucitar a una personalidad tan compleja como la de Picasso no es fácil. José Sacristán lo ha conseguido con un montaje basado en una obra del escritor norteamericano Jeffrey Hatcher, que protagoniza y dirige. 'Un Picasso' que mezcla realidad y ficción al relatar la detención del artista malagueño durante la ocupación nazi de París para verificar la autenticidad de tres de sus cuadros. Este fin de semana se ha representado en Elorrio, Amorebieta y Durango.
-El espectáculo se estrenó en Málaga, la ciudad natal de Picasso. ¿Una responsabilidad añadida?
-Éramos conscientes de que allí se iba a mirar con más atención. Pero la acogida superó nuestras expectativas. Habíamos trabajado muy duramente en la adaptación de la obra, porque teníamos un texto americano hecho para americanos. Y no ha quedado mal.
-Con más de 50 años de oficio a sus espaldas, ¿qué es lo que lleva a Pepe Sacristán a decir 'hasta aquí, por ahí no paso'?
-No paso por aquello que no me ponga cachondo. Me gusta ir al encuentro del personaje y revolcarme en él, es una cuestión de piel. No tengo aspiraciones de grandes personajes, pero he llegado a un momento en que sí puedo rechazar lo que no me apetece.
-De mecánico tornero a actor. ¿Qué motivó esa reconversión?
-Soy el más inútil de los mecánicos. Jamás he querido trabajar como mecánico, pero debía hacerlo para ayudar en casa. Supe que quería ser actor desde los cinco o seis años, cuando vi la primera película en el cine de mi pueblo.
-En los años 70 fue uno de los actores más taquilleros, junto con Alfredo Landa o José Luis López Vázquez.
-Digamos que nos tocó jugar el papel de correa transmisora de las inquietudes y frustraciones del españolito medio. No soy idiota y sé que algunas películas eran mejores que otras, pero no reniego de ninguna de ellas. Tampoco lo hago de ninguna de las que he hecho a lo largo de mi carrera.
-También ha destacado en su faceta como actor dramático e incluso llegó a coquetear con los musicales.
-No coqueteé, porque lo que verdaderamente soy es una una tonadillera frustrada. Me hubiera encantado ser doña Concha Piquer. Yo he cantado zarzuelas y tenía repertorio ¿eh! Recuerdo que aquí mismo, en Bilbao, interpreté a Txomin en 'El Caserío'. Fue una época felicísima de mi vida.
-¿Hasta el punto de abandonar su carrera para dedicarse a la música?
-Me hubiera gustado ser director de orquesta, es algo que me apasiona. Son como dioses.
«No veo mucha 'tele'»
-Ha dado la impresión de permanecer siempre muy vinculado al teatro y al cine. ¿No se ha dejado tentar más por la televisión?
-No tengo rechazos ni afecciones por ningún género. No veo mucha televisión porque no soporto la publicidad, así que lo poco que veo es en digital. He oído hablar bien y mal de algunas series, pero lo que tengo claro es que son una fuente importante de contratación. Mucha gente estaría en el paro sin ellas, por lo que no me queda más que aplaudir que se hayan tejido esas redes.
-Pedro Almodóvar y Penélope Cruz parecen haber sacado al cine español del anonimato en Hollywood.
-No han sacado al cine español del anonimato, han salido ellos y me parece cojonudo. Que hayan triunfado, como también lo hizo Bardem o Amenábar, no repercute en beneficio del cine español, porque sólo Perico tiene mercado allí. De todas maneras, 'Volver' me parece una magnífica película y la interpretación de Penélope es soberbia.
-¿Le gustaría trabajar con Almodóvar?
-Qué duda cabe. Si es un buen papel