Vaya pila de heavies, observó Pato al llegar este sábado al Bilborock, donde actuaron Centinela, según los más puestos uno de los grupos más prometedores de la escena metálica española. Son cinco albaceteños rendidos a los cánones del género y la verdad es que no atrajeron a tanta peña como esperábamos. Media entrada y va que chuta. Ellos asoman la nariz en la primer división hispana, pero les queda un trecho para igualar, por ejemplo, a Saratoga. O a Tierra Santa.
Con dos guitarras alborotadas y un batería que parecía ir por detrás del barullo, Centinela ofrecen el máximo atractivo de su vocalista, muy gordo y barbudo, con gusto por los sostenidos y las presentaciones que apelaban al orgullo heavy, al no dar el brazo a torcer, al mantenerse en sus trece y al irse de casa si te quieren enseñar a palos, como cantó en 'Hora de marchar'.
Esforzados en su tarea, carentes del ápice de carisma necesario para explotar, aferrados a los mayores (Judas Priest y Obús, Ángeles Del Infierno y Accept, Warcry y Saratoga, ya), se autoafirmaron en hitos idiosincrásicos tipo 'Rencor', 'Sangre eterna' o 'Rey del tiempo', éste dedicado al heavy metal.