El Consistorio de Lekeitio ha decidido atajar de raíz los graves actos vandálicos que de manera reiterada sufre una de las joyas del patrimonio histórico de Vizcaya: el Palacio Uriarte, declarado Monumento Nacional por tratarse, según los expertos, de uno de los mejores ejemplos de la arquitectura residencial del siglo XVII existente en el territorio. Para ello reforzará la vigilancia policial y colocará cámaras de seguridad en el inmueble.
El edificio, que envuelve a una antigua casa-torre de finales de la Edad Media, es desde hace varios meses objetivo de las gamberradas de grupos de jóvenes que se reúnen diariamente en sus inmediaciones. La joya arquitectónica está enclavada junto a un convento de Dominicas, en la parte alta del casco viejo lekeitiarra, en una zona muy poco frecuentada. «Queda cerca del centro pero aislado del bullicio de la parte antigua. Hace tiempo que se ha convertido en un lugar ideal para cuadrillas de jóvenes que vienen a fumar, a beber y a destrozarlo todo para desesperación de su inquilino», declaró ayer la asistenta del propietario del edificio, un hombre de 85 años, que aún reside en el palacio.
Además de la multitud de ocasiones en las que han destrozado las farolas y emborronado con pintura las paredes, en especial las del edificio religioso, han llegado a arrancar la verja que cierra el palacio, así como a atascar los desagües y alcantarillas de la misma calle. «Levantan las tapas y taponan las tuberías. No hacemos carrera», se quejó una empleada del palacio. Entre los desperfectos ocasionados también destaca la reiterada rotura de los cristales de las ventanas mediante el lanzamiento de piedras y la utilización de tiragomas y armas de aire comprimido.
Refuerzo de la Ertzaintza
Desde el Ayuntamiento reconocen también que el callejón que separa los dos inmuebles sirve a los gamberros para hacer sus necesidades. «Lo utilizan como urinario», detallan. Para paliar esa situación, el Consistorio ha adoptado un paquete de medidas en el que destaca la instalación de un sistema de videovigilancia, que se colocará en el transcurso de los próximos días. También se aumentará la presencia de la Policía local, que se verá reforzada por la Ertzaintza. Por último se colocarán puertas metálicas en algunos rincones de la calle, como en el acceso al camino existente entre el palacio y el convento.
«Confiamos en que así dejen de destrozar un espacio de incalculable valor histórico y artístico», reiteraron fuentes municipales. El propietario, por contra, se mostró bastante receloso de la eficacia de las medidas anunciadas.