Lunes, 12 de marzo de 2007
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Carlsen ya está aquí
A sus 16 años, el niño prodigio del ajedrez, el genio precoz señalado como el heredero de Bobby Fischer, irrumpe en la élite mundial con una actuación estelar en el torneo de Linares-Morelia
Carlsen ya está aquí
REY. Carlsen ha impresionado a los expertos en el torneo de Morelia-Linares. / FOTOS: LUIS ÁNGEL GÓMEZ
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SUS DATOS

CÓMO LE DESCRIBEN
Nombre: Magnus Carlsen.

Nacimiento: 30-11-1990. (16 años).

Domicilio: Lommedalen, a 15 kilómetros de Oslo (Noruega).

Logros: En el año 2002 se proclama subcampeón del mundo en la categoría sub'12; el 26 de abril de 2004 se convirtió en Gran Maestro con sólo 13 años; fue el jugador más joven en participar en el Campeonato FIDE Mundial de ajedrez 2004; segundo puesto en el Torneo Morleia-Linares de 2007.

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A la espera de que el tiempo lo confirme o lo desmienta, es probable que la victoria de 'Vishy' Anand en el torneo de Linares-Morelia quede diluida en los anales de la historia del ajedrez por una noticia de rango superior: la de la eclosión de un genio de 16 años llamado Magnus Carlsen. En su primera comparecencia en un torneo considerado el Wimbledon del ajedrez, el gran maestro noruego ha superado las previsiones más optimistas. Su segundo puesto sumando cuatro victorias ante rivales como el número 1 mundial Veselin Topalov y estrellas 'top ten' de la talla de Ivanchuk y Morozevich ha dejado con la boca abierta a la crítica especializada, que no esperaba que el advenimiento de Carlsen llegase tan pronto. Quien más quien menos calculaba que iba a ser necesario esperar dos o tres años más para que explotara en toda su dimensión el talento de este niño prodigio llamado a marcar una época en el ajedrez del siglo XXI. Sin embargo, los plazos se han adelantado. Carlsen ya está aquí. Ha llamado a la puerta con una autoridad y una insolencia adolescente que tienen muy pocos precedentes. Muy pocos y absolutamente escogidos.

-«Hay que pensar en Bobby Fisher cuando ganó el campeonato de Estados Unidos con 14 y 15 años. O en Gary Kasparov cuando dio la sorpresa y ganó el torneo de Banja Luka a los 16. Es cierto que Carlsen no ha ganado, pero su segundo puesto es igual o más meritorio porque todos estamos de acuerdo en que ni Fisher ni Kasparov tuvieron entonces los rivales que el chaval ha tenido en Linares»-, señala el periodista Leontxo García.

Acercarse a Magnus Carlsen es hacerlo a una inteligencia privilegiada. Hablamos de un niño superdotado cuyas hazañas memorísticas, difundidas por su biógrafo y entrenador Simen Agdestein en su libro 'Wonderboy', causaron tanto asombro en su día que ya son un lugar común para los aficionados al ajedrez de todo el mundo. Es de sobra conocido que con dos años se pasaba horas y horas en su casa de Lommedalen in Baerum, a 15 kilómetros de Oslo, ensimismado con puzzles muy complejos y enrevesados juegos de construcción, que cuando empezó a ir a la escuela dejó pasmados a sus profesores por su capacidad para el cálculo mental o que, a los cinco años, se sabía de memoria no sólo todos los municipios de Noruega (más de 400) con su número de habitantes, sino la extensión,la población, la bandera y la capital de todos los países del mundo.

Afición del padre

Al ajedrez llegó a los 8 años, una edad que puede considerarse tardía para un caso extremo como el suyo. Henrik, su padre, era muy aficionado y quería que Magnus compartiera su pasión. Trató de hacerlo cuando éste tenía cinco años (no es difícil imaginar al buen hombre intentando que su hijo volcara su impresionante poderío mental en algo más útil que conocer la extensión de Guinea Conakry o los colores de la bandera de Bután), pero Magnus no mostró en un principio demasiado interés por el juego de los 64 escaques. Cuando lo hizo, descubrió un mundo. La lectura del libro 'Encuentra el plan', de Bent Larsen, le acabó de convencer de que su vida giraría en torno a un tablero. A partir de ese convencimiento, ya todo vino rodado. De la mano de Agdestein, viejo conocido de su padre ya que ambos habían sido miembros de Asker Chess Club, Carlsen comenzó su carrera en 2002. Patrocinado por la empresa de informática Computas, que le daba 7.000 euros anuales a condición de que, de vez en cuando, disputara simultáneas con sus empleados, el chaval recorrió su país jugando torneos.

Sus éxitos ante jugadores de más edad y el talento creciente que mostraba llevaron a sus padres a adoptar una decisión crucial. Los Carlsen siempre habían soñado con tomarse un año sabático para viajar en familia por el mundo y decidieron hacerlo en 2003. Vendieron el coche, alquilaron su casa y comenzaron un periplo por los países del Este llevando a su hijo de torneo en torneo. Que Magnus dejara de asistir al colegio creó una cierta controversia que no tardó en olvidarse. Aparte de que el chaval se aburría soberanamente en clase, sus padres no eran los típicos progenitores sin escrúpulos que se dedican a hacer caja con el prodigio que tienen en casa. Nunca descuidaron su educación -de hecho, Magnus sigue estudiando ahora en un colegio noruego para deportistas de élite- y, durante sus viajes, le llevaban de visita a museos y exposiciones con más frecuencia de la que, probablemente, su hijo deseaba.

En 2004, las hazañas de Carlsen comenzaron a traspasar fronteras. En enero obtuvo la primera de las tres normas que le acreditaban como Gran Maestro. La logró ganando a lo grande el grupo C del torneo Corus de Wijk aan Zee (Holanda). Fue entonces, deslumbrado por una de las partidas del noruego, cuando el Gran Maestro y columnista del 'Washington Post', Ludomir Kovalec, le calificó como «el Mozart del ajedrez», uno de esos elogios mayúsculos con los que uno puede cargar durante años. El gran Raúl Capablanca, de hecho, cargó con él hasta su muerte.

«Como un niño»

Al mes siguiente, en febrero, durante el Open Aeroflot de Moscú, los halagos se multiplicaron cuando obtuvo la segunda norma. Las partidas de Carlsen se convirtieron en todo un reclamo para los aficionados rusos, que se amontonaban alrededor de su mesa. Al concluir una brillantísima partida ante Dolmatov, Alexander Nikitin dictó sentencia: «Nunca he visto a nadie jugar tan bien a su edad». Cuando le preguntaron si ni siquiera a Karjakin, el prodigioso ucranio que ostenta el récord de precocidad tras convertirse en Gran Maestro con tan sólo 12 años, el que fuera entrenador de Kasparov no pudo ser más explícito. «Karjakin estudia un montón. Lo de Carlsen es talento de verdad. La única comparación posible es Kasparov», afirmó.

En marzo llegó la confirmación de que las palabras de Nikitin no iban descaminadas. En un torneo de partidas rápidas en Reykjavic, el nuevo niño prodigio del ajedrez eliminó a Karpov e hizo tablas con Kasparov en la primera partida que le enfrentaba en su vida al ogro de Bakú. En la segunda, en medio de una expectación inusitada, Carlsen perdió con negras y dio a la Prensa uno de esos titulares redondos e impagables que surgen a veces en algunas paradojas. «He jugado como un niño», declaró, decepcionado. Al mes siguiente, en el Open de Dubai, su chasco se convirtió en orgullo. Con 13 años y 4 meses sacaba su tercera norma y se convertía en Gran Maestro.

Desde entonces, sus pasos han sido firmes. En noviembre de ese mismo año 2004, el ajedrecista español Miguel Illescas, actual entrenador del campeón mundial Vladimir Kramnik, tuvo la oportunidad de enfrentarse al nuevo fenómeno del que tanto estaba oyendo hablar. Firmaron tablas. Illescas acabaría escribiendo un artículo sobre aquella experiencia. «Me causó una gran impresión comprobar la madurez no sólo de su juego sino de su carácter. Tras defender tenazmente durante 46 jugadas y lograr el empate, Carlsen aceptó analizar juntos la partida. Calculaba variantes a toda velocidad con una gran precisión. (...) Demostraba un gran aplomo y, pese a su aparente timidez, irradiaba una enorme seguridad en sí mismo. Supe entonces que este chico lucharía pronto por el título mundial».

El gran maestro barcelonés acertó en sus predicciones. Magnus siguió progresando y el año pasado obtuvo en Moscú una de las cuatro plazas que estaban en juego para poder disputar el próximo campeonato del mundo. Se celebrará en septiembre en México DF y, tras lo visto estas últimas semanas, las opciones de Carlsen pueden ir mucho más allá de ser una atracción mediática, la típica promesa a la que los grandes escualos del tablero se zampan sin problemas cuando se ponen serios. Y es que en Linares-Morelia se ha visto a otro Carlsen mucho más maduro y efectivo. Sus rivales han sido los primeros en percatarse de ello. No podía ser de otra manera tras exhibiciones como la que protagonizó ante Ivanchuk en la primera partida del torneo. Durante más de tres horas, soportó con frialdad un asedio brutal. Luego pasó al contragolpe y acabó ganando después de cinco horas y media de lucha encarnizada.

Aspavientos

El número 1 mundial, Veselin Topalov, que también acabaría cayendo en las redes de Carlsen días después, reconoce que el escandinavo ya es un valor más sólido de lo que indica el ránking mundial, que en enero le situaba en el puesto 24. «Ha mejorado mucho. En Wijk aan Zee no estuvo a este nivel. Para mí ha sido una sorpresa la madurez con la que ha jugado», asegura el campeón búlgaro, que, eso sí, no acaba de acostumbrarse a las extrañas posturas y a los gestos de niño -a veces hace aspavientos, bosteza o se agacha y pone la cabeza sobre la mesa- que Carlsen realiza delante del tablero. «Debería controlarse un poco», apunta.

Sin entrar en esas consideraciones, 'Vishy' Anand comparte la opinión de Topalov. El genio de Madrás ha ganado a Carlsen las dos partidas que ambos han jugado en Morelia y Linares y, gracias a esas victorias, pudo alzarse el sábado con la Cabria de Plata por segunda vez en su carrera. Pero el noruego le ha impresionado. «Pienso en que sólo tiene 16 años y recuerdo cómo jugaba yo a esa edad... y buff».

 
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