Como tenemos una fe que no se apaga ni ante la realidad más descalabrante, el viernes fuimos al Tropicana de Santoña a ver a los Supersuckers, cuatro yanquis que van de portaestandartes del rock and roll canalla aunque sospechamos que ya lo atacan igual que un curro en una gasolinera.
Ante unos 250 roqueros tan animosos como nosotros (bastantes bilbaínos), los Supermamones actuaron 80 minutos, al final se estiraron y apenas explotaron. Abrieron con 'Baby, That's R&R' de Leiber y Stoller, y pensamos: han cenado demasiado.
No tienen barriga, observó la churri, que estaba de 'cumple' de tres días, pero ahí sólo se fajó el batería, Chernobyl Churilla (el del Reverendo Horton Heat; le estrechamos la mano el sábado en la playa y aún no nos la hemos lavado), pues Eddie Spaghetti y los dos guitarristas se escondieron como gandules.
Al segundo tema, 'R&R records ain't selling this year', dio la sensación de que despegarían, pero fue un espejismo. Los tíos amasaban boogie ora hard ora a lo Status Quo, se dispararon en un cow-punk-a-billy y no pegaron fuego a 'The evil powers of R&R'. Al séptimo por fin se dignaron a alzar al unísono y chuletas los mástiles de sus hachas, y continuaron enlazando rock sureño, tralla ramoniana y más boogie.
En el tema 11 vimos la luz: claro, antes los Supersuckers salían hasta arriba de drogas y hoy día acaban el trabajo y corren raudos al puestecito a vender camisetas. ¿El resto hasta unas 25 canciones? Pues en descenso pronunciado con ecos de Mötorhead y su éxito 'I want the drugs'. Eso.