La condena vaticana al teólogo de origen vasco Jon Sobrino, que se hará pública y oficial pasado mañana y que, según ha adelantado el arzobispo de San Salvador, le prohibirá publicar con el 'nihil obstat' eclesiástico e impartir clase en centros religiosos, vuelve a golpear a la denominada Teología de la Liberación, o lo que queda de ella, más de 20 años después del sonado castigo al franciscano brasileño Leonardo Boff, en 1985. Es un nuevo e inesperado choque entre Ratzinger y este movimiento que Juan Pablo II y la Santa Sede descabezaron en los ochenta al censurar su inspiración marxista. El actual pontífice, como prefecto de la Doctrina de la Fe, dirigió desde 1981 aquella campaña de represión, que supuso llamadas de atención a más de un centenar de teólogos. Sin embargo, el reencuentro era inevitable: Benedicto XVI viajará en mayo a Brasil y afrontará por primera vez como Papa la situación de Latinoamérica.
Lo mismo le ocurrió a Juan Pablo II en 1979, cuando hizo su primer viaje al extranjero y acudió en México a la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (CELAM). Wojtyla se enfrentó entonces al auge de la Teología de la Liberación y sus críticos le reprocharon que, quizá por haber crecido en un régimen comunista y sufrido algunos de sus excesos, no supo comprenderla. Desde luego, Estados Unidos la veía con muy malos ojos y los intereses comunes para acabar con la URSS del Vaticano y la Administración Reagan -que, por ejemplo, financió a la Iglesia nicaragüense contra el Gobierno de Ortega- hicieron el resto. Este capítulo ha quedado como uno de los más controvertidos de Wojtyla, pero con el cambio de Papa, y caído el Muro de Berlín, había cierta intriga por saber si se produciría una suerte de rehabilitación histórica de la Teología de la Liberación. Benedicto XVI también acude en mayo al encuentro del CELAM, pero llega con el ocaso de este movimiento progresista dentro de la Iglesia. Sin embargo, Latinoamérica asiste a un nuevo florecimiento de regímenes de izquierda y con el desafío de la pobreza tan intacto como hace dos décadas. Además, la Iglesia católica está en franco retroceso ante el empuje de sectas y confesiones protestantes.
Casualidad o no, en este contexto cae la condena de Sobrino. Lo cierto es que su expediente, la revisión de sus textos, viene desde al menos 2004 y ahora simplemente se ha concluido. Estas decisiones, de carácter ejemplar, le convertirán en el decimosegundo teólogo que recibe una condena desde que el Santo Oficio se transformó en Congregación de la Doctrina de la Fe en 1965. Salvo una primera notificación a Hans Küng en 1975, todas las demás tuvieron lugar durante el pontificado de Juan Pablo II y casi todas llevaron la firma de Ratzinger. Ha habido muchas otras llamadas al orden, pero la imposición de silencio es la señal más dura que emana de la Santa Sede para un teólogo. Si se confirma, ésta será la primera de Benedicto XVI, en un dossier que empezó él mismo.
«El padre Sobrino se lo ha tomado con cierto nerviosismo. Está acostumbrado a las situaciones límite, porque está vivo de milagro, pero le afecta, no cabe duda», explicaba ayer el portavoz de la Curia General de los jesuitas en Roma, José María de Vera, que prefiere no hacer valoraciones hasta conocer el contenido exacto de la resolución vaticana. «Naturalmente nos pesará si considera que hay una especie de rebeldía, pero en casos anteriores había muchos matices, y los interesados siempre alegaron que lo que ellos decían y lo que se interpretaba no coincidía», explica. Tres de los últimos teólogos condenados son jesuitas (Jacques Dupuis, en 1998; Anthony de Mello, en 2001; y Roger Haigt, en 2004) y Vera lo achaca a la «penitencia del aventurero», dadas sus posiciones de vanguardia. «Es un riesgo asumido. ¿Que nos equivocamos? Pues que nos tiren de las orejas», dice. En cuanto a la Teología de la Liberación, opina que la preocupación por los pobres sigue vigente, «aunque exageraciones evidentemente ha habido».
Jesús y Dios
En opinión del teólogo italiano Sandro Magister, a pesar de su declive, la Teología de la Liberación «ha inspirado un pensamiento común en gran parte del clero latinoamericano, el de la Iglesia como agencia humanitaria, que Benedicto XVI considera precisamente el origen de la debilidad de la Iglesia en este momento en Latinoamérica». El viaje a Brasil arrojará sin duda luz sobre este aspecto.
La condena se debe, al parecer, a que Sobrino resalta en sus escritos la humanidad de Cristo y no su divinidad, y en este sentido Magister entiende que toca «un tema al que el Papa es extremamente sensible». «Va a dedicar precisamente a este asunto su próximo libro, a demostrar que el Jesús histórico era Dios y hombre, porque cree que en ello está en juego la fe cristiana». Con todo, pese al pulso histórico de Ratzinger y la Teología de la Liberación, la Iglesia también ha aceptado de nuevo en la ortodoxia a teólogos antes castigados. El mismo fundador del movimiento, el peruano Gustavo Gutiérrez, acaba de estar en Roma impartiendo un curso en la pontificia universidad Angelicum y al inicio de la cuaresma acudió a la basílica de Santa Sabina: allí le impuso la ceniza Benedicto XVI en persona.
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