Jueves, 15 de marzo de 2007
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OPINIÓN

CARTAS AL DIRECTOR
A Savater
Fernando Savater, en su artículo 'Lo están empeorando' (10-3-07), habla de mi «ausencia total del sentido del ridículo», por haber tenido la audacia de emitir opiniones sin su consentimiento. Si él puede insultar con semejante desparpajo, ¿podría hacer yo lo mismo en justa correspondencia y decir de este señor que es un cantamañanas y un veleta? Como soy una persona educada, me guardaré el insulto, para ir a cosas más sustanciales.

Al parecer, no se puede decir lo que tantos ven pero Savater se empeña en no mirar: que en Madrid, por culpa de las presiones de la extrema derecha azuzada por el PP, resulta problemático pasearse con un emblema del PSOE en la solapa o un ejemplar de 'El País' bajo el brazo sin ser objeto de hostilidades. Aparte de haberlo comprobado en persona, lo denunció, hace no mucho tiempo, otro señor que al parecer disfruta del mismo sentido del ridículo que yo: el escritor Javier Marías, a quien supongo que Savater conoce bien.

En cuanto a la «pálida idea» que pueda tener yo sobre cómo viven muchos ciudadanos vascos en este país, se lo cuento al señor Savater: como cargo público socialista, tengo que seguir desplazándome con escolta. Y como alcalde de Rentería durante bastantes años, conozco muy al detalle cómo han vivido y viven muchos ciudadanos en este país. Por cierto, yo a Savater por Rentería le he visto más bien poco. Dicen que todo se pega, menos la hermosura. A Savater, que de hermosura anda más bien escaso, la pareja política de hecho que ha formado durante tantos años con María San Gil parece haberle inoculado el ideario y la pasión antisocialista del PP, hasta el punto de haberse convertido -en su artículo, al menos- en un teórico brillante de la extrema derecha: la que tiene como lema 'Tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando'.

 
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