Jueves, 15 de marzo de 2007
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Condenan a 22 años de cárcel al joven acusado de matar a un taxista en Castro
El juez estima que el agresor, vecino de Portugalete, rozó la «brutalidad» al asestar un total de 18 puñaladas a la víctima
Condenan a 22 años de cárcel al joven acusado de matar a un taxista en Castro
El ahora condenado, en una sesión del juicio. / SANE
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La Sección Primera de la Audiencia Provincial de Cantabria ha condenado a 22 años y nueve meses de prisión a Gabriel G.C., de 36 años y sin antecedentes penales, por asesinar «con alevosía» en abril de 2005 a un taxista en Castro. El juez estima que el agresor rozó la «brutalidad» al asestarle 18 puñaladas, aunque ha quedado desestimada la agravante de ensañamiento.

Como medida de protección a la familia, el fallo también establece que Gabriel G.C. no podrá residir ni acercarse a Laredo, lugar donde vivía Miguel Macías Ocaña, durante 28 años y nueve meses. Además, deberá de indemnizar con 90.000 euros a la pareja sentimental del fallecido y con otros 45.000 a cada uno de sus tres hijos.

La sentencia, que se hizo pública ayer, recoge que el procesado es autor de un asesinato con alevosía, tal y como sostenía la Fiscalía, ya que «es indudable» su «intención de matar». El fallo considera que el acusado «era consciente» de que, «al atacarle por la espalda», la víctima no podría oponerle resistencia «ni defenderse». El juez destaca además que el asesino «atacó a Miguel de forma sorpresiva y sin mediar discusión previa».

No obstante, la Audiencia ha desestimado la petición de la agravante de ensañamiento solicitada por la acusación porque, aunque Gabriel G.C. asestara 18 puñaladas a la víctima, no se puede probar que el agresor «buscara y quisiera causarle un mayor sufrimiento». Pese a ello, la sentencia destaca que el ataque se realizó «de una forma que se aproxima a la brutalidad, atendiendo al número de puñaladas efectuadas y a la fuerza con la que fueron ejecutadas».

Sin atenuantes

El presidente del Tribunal, Ernesto Sagüillo, ha impuesto la pena de 22 años y 9 meses en base al veredicto emitido el pasado 1 de marzo por un jurado popular, que le consideró culpable de asesinato con alevosía y de haber cometido un robo con violencia, ya que sustrajo a la víctima los 200 euros que llevaba en los bolsillos después de quitarle la vida.

Gabriel G.C., vecino de Portugalete, confesó desde el primer momento su crimen, si bien no se han aceptado las atenuantes de confesión ni de drogadicción. En el primer caso, porque reconoció ser el autor de los hechos cuando fue capturado por la Guardia Civil, y en el segundo, porque no ha quedado demostrado que consumiera drogas ni en qué cantidad.

Durante el juicio, el agresor reconoció que compró un cuchillo y planeó robar porque en esa época se encontraba «muy mal psicológicamente» por «problemas personales y laborales», y que una vez dentro del taxi la situación «le vino grande». «Jamás he delinquido y estaba asustado», declaró.

Según recoge el fallo, el procesado se subió al asiento trasero del taxi de Miguel Macías Ocaña, de 61 años, el 8 de abril de 2005 para que le llevara a la calle Andrés de la Losa, en Castro. Cuando llegaron, «extrajo un cuchillo de monte de 11,7 centímetros de hoja» con el que asestó al taxista «dos puñaladas en el cuello». Entonces la víctima intentó abrir la puerta del coche para huir, pero no pudo porque llevaba abrochado el cinturón de seguridad. La sentencia detalla que Gabriel «aprovechó» esa circunstancia para darle otras 16 puñaladas, que le dejaron «inmóvil mientras se desangraba sobre el volante». El ahora condenado recorrió varios bares de Castro, donde jugó a las máquinas tragaperras, antes de ser detenido.

 
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