Viernes, 16 de marzo de 2007
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VIZCAYA

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«He vuelto a nacer en el Naranjo»
El policía local bilbaíno que se rompió un tobillo al sufrir una caída en el pico, relata desde el hospital cómo «patinó» y se deslizó por el hielo a gran velocidad
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Aunque parezca mentira, después de fracturarse la tibia y el peroné en una vertiginosa caída por el hielo en el Naranjo de Bulnes, J.V.B., policía municipal de Bilbao, está contento. Podía haberse matado. «¿He tenido una suerte...! He vuelto a nacer», se felicitaba ayer desde el hospital central de Oviedo, donde los médicos le «reconstruyeron el tobillo» el pasado miércoles horas después de sufrir el aparatoso accidente. «A la vista, la rotura era muy escandalosa, tenía el tobillo luxado», explicaba el paciente, que tardará unos meses en poder «andar con normalidad», y algo más de tiempo en volver a escalar las paredes del Picu Urriellu, aunque eso sí, «en seco».

Después de años de experiencia, el agente conoce bien las «técnicas de la escalada en roca», pero el hielo y la nieve aún le infunden «respeto». De hecho, él y dos amigos habían decidido atacar el conocido como Corredor de las Balas, de 250 metros de extensión y hasta 75 grados de inclinación, en la cara Oeste del Naranjo, por su sencillez y para «aprender y practicar un poco». «Es un sitio encajonado, una canal, que en invierno se sube bien».

«Una avería»

Los tres amigos, junto con otro joven vasco y su guía, se preparaban para empezar a trepar. «No estábamos encordados». Habían atravesado una pedrera nevada que separa el refugio de la base de la mole de roca, y se ajustaban los crampones y el resto del material para comenzar a escalar. «Aún no se cómo pasó, creo que fui a girar y patiné. Intenté dos veces la maniobra de autodetención (que consiste en clavar el piolet en la nieve para frenar), pero fallé y cogí una velocidad 'curiosita'», recordaba ayer con detalle. El tobillo se fracturó al engancharse el crampón en el hielo. «Tenía que haberme apartado lo más posible de la pared y haber separado las piernas», piensa ahora.

La escena resultó aún más terrorífica para los compañeros que veían cómo «rodaba por el hielo unos 150 metros y me golpeaba. Pensaban que me había hecho una avería». Unas piedras frenaron su caída. Entonces, «desde abajo les pegué unos gritos, les dije que estaba bien y que me había hecho daño en el tobillo». Sus acompañantes descendieron hasta el refugio de Urriellu, cogieron una camilla y le bajaron.

A pesar del momento, el policía pudo disfrutar del «viaje en el helicóptero» de rescate hasta Oviedo. Pese a haber escalado varias veces las caras Norte, Sur y Este, haber hecho varios cuatromiles con placas de hielo y pisado el Mont Blanc, el veterano deportista ha descubierto «lo fácil que es matarse». J.V.B., que tiene un drenaje en el pie y una vía de suero, esperaba poder viajar a Bilbao ayer mismo. La Federación de Montaña se encargaba de su traslado a una clínica bilbaína.

 
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