El Impuesto sobre Sociedades sólo está en peligro en Guipúzcoa, pues en Álava y Vizcaya, los votos de PNV y PP son suficientes para garantizar su aprobación. Allí, EA ha cometido un pecado manifiesto de inoportunidad. Su postura de no rebajar los tipos y modificar las deducciones es tan defendible como la contraria, pero llega muy fuera de tiempo. Tan fuera de tiempo que su defensa se convierte en un obstáculo incomprensible. Ha habido meses más que suficientes para debatir la reforma, para discutir sus postulados y para plantear alternativas. El proyecto final lo han aprobado los ejecutivos de las tres diputaciones, en dos de las cuales se sientan sus representantes, y ha obtenido el beneplácito del Órgano de Coordinación Tributario (OCT), en el que está presente el Gobierno vasco al que pertenece. Ha habido tiempo para todo.
Impedir el acuerdo en Guipúzcoa es una actuación poco responsable y sumamente distorsionadora. Nadie entendería que las empresas guipuzcoanas terminasen la historia pagando más impuestos que las radicadas en los otros dos territorios. Y nadie puede pretender que se deshaga el acuerdo en Álava para recomponerlo acuerdo en Guipúzcoa. El Parlamento vasco tiene facultades de armonización fiscal, pero carece de poderes legislativos en la materia, que corresponden a las juntas generales. ¿Qué podría decir? ¿Que desea la armonización? Eso ya se ha dicho. Y el OCT aprobó el proyecto que ahora se vota. ¿Qué otra cosa podría armonizar si no es lo que ya está armonizado en ese órgano? Ayer EA votó en Guipúzcoa en contra de la enmienda a la totalidad de EB. ¿Mantendrá la suya parcial? Nos haría a todos un gran favor si la retira. Y, probablemente, también se haría un gran favor a sí misma.