Lucía tiene miedo al agua desde siempre, así que ha sido incapaz de aprender a nadar. Al ser madre decidió que su pequeña 'frustración' no se iba a repetir en sus hijos. Así que apuntó al primero en los cursos de natación que ofertan los polideportivos municipales de Bilbao. Cuando Johana, la segunda, alcanzó los siete años, el camino a seguir iba a ser el mismo, aunque el tiempo ha elevado a la categoría de imposible el deseo de los padres tras dos años de infructuosos intentos.
Johana tiene ya nueve años y estudia en el colegio público Pío Baroja. Su asignatura favorita son las Matemáticas y Matxalen es su mejor amiga. Sus padres, Lucía y Félix, la adoran, lo mismo que su hermano. La gestación de la niña fue normal. Sin embargo, los caprichos de la genética descolocaron algún cromosoma y vino al mundo con síndrome de Down. Ése es, según sus padres, el motivo por el que la pequeña no ha sido admitida en ningún cursillo municipal de natación. Al menos, no en el que ellos desean.
«No queremos que vaya a uno con niños discapacitados, sino a uno con críos sin deficiencias», aclara Lucía. Sus argumentos son de peso y hasta esgrime certificados escolares de la pequeña. «Es totalmente autónoma y está perfectamente integrada en su curso con niños que no sufren ninguna discapacidad», asegura.
Nada de eso sirvió cuando hace dos años intentaron apuntarla en los cursos que se imparten en las piscinas de Txurdinaga, su barrio. «Nos dijeron que no, que los críos como ella sólo podían dar cursos especiales en el 'poli' del Fango y que no podían admitirla en uno 'normal'», recuerda Félix. Acostumbrados a «rechazos» parecidos -hace años sufrieron trabas para que la niña participase en un ciclo privado- el matrimonio insistió.
«Hablamos con el responsable del recinto deportivo, que primero no nos dio solución y luego no quería recibirnos. Recurrimos a Gorabide (Asociación vizcaína en favor de las personas con discapacidad intelectual), que tampoco nos ayudó. La opción que nos daban era llevarla al Fango», detallan los padres. Llevar a Johana a Rekalde suponía «un contratiempo, porque teníamos que usar el metro, luego el autobús... nos queda en la otra punta de Bilbao», explica Lucía.
Una pequeña puerta
Pese a todo, Johana acudió durante cuatro meses. Luego, una neumonía hizo que perdiera la plaza. No ha vuelto. La obsesión de sus padres sigue siendo que aprenda a nadar con niños sin discapacidad. «En la 'tele' queda muy bonito hablar de integración, pero todo es mentira. Queda mucho por andar y la mayoría de los colectivos sólo te ayudan si pagas», critica la madre. «Nuestra última opción es acudir a los medios de comunicación a ver si nos hacen caso. Conseguir algo sería abrir una pequeña puerta para los demás», se defiende la mujer.
El concejal de Deportes de Bilbao, Jon Aritz Bengoetxea, manifestó ayer que «a nivel del polideportivo de Txurdinaga no se ha recibido ninguna petición de este tipo». El edil está convencido de que en los distintos cursos para la infancia «hay niños discapacitados que comparten aprendizaje con los no discapacitados y además hay una entidad que se encarga de gestionar los monitores necesarios para los casos específicos». «Si el menor puede seguir el ritmo del resto de los alumnos, puede realizar el cursillo. Si no, el orientador se lo hace saber a los padres y les recomienda lo más adecuado», explicó Bengoetxea. Asimismo, el concejal desveló que los cursos específicos para personas con discapacidad «se imparten en El Fango y también en San Ignacio».