Como es lógico, quienes más sufren la falta de pisos en alquiler son los potenciales inquilinos. Y aquí se da un fenómeno curioso: según las empresas del sector, buena parte de los interesados en arrendar una vivienda (más de la mitad) son extranjeros. Pero una gran parte de los propietarios deja instrucciones claras a las inmobiliarias: 'No alquilar a inmigrantes'. De hecho, en muchos casos los dueños están dispuestos a rebajar sus pretensiones económicas con tal de conseguir un inquilino nacional, al que presuponen formalidad y decencia.
El perfil del «inquilino de aquí» es muy variado: desde el anciano que vende su piso para disponer de efectivo y comienza a vivir de alquiler, hasta la joven pareja recién independizada, pasando por trabajadores desplazados de modo temporal. Son estos últimos los más cotizados por los propietarios y los que menos pegas suelen poner a la hora de afrontar una renta elevada.
Pero en muchos casos el potencial inquilino desiste de su empeño tras percatarse de lo oneroso que resulta vivir en una casa ajena. Por término medio, quien entra en una inmobiliaria buscando alquilar tiene en mente un presupuesto de entre 500 y 600 euros. Y, claro, «cuando ven lo que hay se asustan y no vuelven», reconocen en Inmobizkaia. Como ejemplo ponen los precios medios en la capital vizcaína: «Un apartamento, por lo general, cuesta más de 700 euros al mes; el piso de dos habitaciones entre los 850 y los 950; y el de tres por encima de los mil euros». Situación esta que explica en buena medida el creciente fenómeno de jóvenes bien entrados en la treintena que siguen viviendo con sus padres.
Alternativa a la venta
En cualquier caso, el mercado inmobiliario está en constante movimiento y hay un factor que podría modificar la oferta de pisos en alquiler. Según Javier Alonso, de Fincas Indautxu, ya comienzan a observarse casos de propietarios que, tras intentar vender su piso y no conseguirlo, optan por alquilar durante un tiempo con vistas a intentar de nuevo la venta más adelante. De ese modo, las cada vez mayores dificultades que se encuentran los dueños para vender podrían tener el efecto de fomentar los alquileres.
Va a haber tiempo de comprobarlo. Según Alonso, «hay un parón generalizado a nivel de precios y cada día cuesta más vender un piso». El hecho de que sean los propietarios los que pongan el precio en función más de su codicia que del valor real del inmueble parece haber llevado el mercado de la compraventa hasta su techo. «De aquí a año y medio los precios se van a estabilizar. Lo que se compre hoy, igual se tiene que vender dentro de año y medio más barato», advierte Alonso. De hecho, ya en la actualidad es muy frecuente que las personas que tienen su piso en venta rebajen su precio tras meses sin encontrar comprador, «y eso no lo he visto en los últimos once años».